La inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como una de las fuerzas transformadoras más poderosas de nuestro tiempo. Sus aplicaciones se extienden a casi todos los aspectos de la vida, desde la medicina y la educación hasta la economía y la interacción social. Sin embargo, su rápido avance no ha estado exento de cuestionamientos éticos y sociales. En medio de este panorama, un movimiento vibrante y crítico está emergiendo con fuerza en América Latina: el feminismo de la IA. Este enfoque no solo busca identificar y corregir los sesgos de género inherentes a los sistemas algorítmicos actuales, sino que propone una reestructuración fundamental de cómo se concibe, desarrolla y despliega la tecnología, con una visión de justicia social, equidad y derechos humanos en el centro. Es una voz que, desde la periferia global, aporta una perspectiva esencial y profundamente arraigada en las realidades interseccionales de la región, desafiando narrativas dominantes y construyendo futuros tecnológicos más inclusivos. La relevancia de este movimiento en una región marcada por profundas desigualdades sociales, económicas y de género no puede subestimarse, pues la IA, si no se aborda con una mirada crítica y transformadora, corre el riesgo de perpetuar y amplificar estas brechas históricas, en lugar de contribuir a cerrarlas.
La esfera pública, ese espacio de ideas, debates y decisiones que moldea nuestras sociedades, rara vez es percibida como un refugio de la cordura o la tr
El Consumer Electronics Show (CES) es, año tras año, la cuna de las innovaciones tecnológicas que definen nuestro futuro más cercano. Cada enero, Las Veg
La noticia ha caído como un jarro de agua fría en el ya de por sí complejo ecosistema jurídico español: el Tribunal Superior de Justicia de Canarias ha p
En la era digital, donde la información fluye a una velocidad vertiginosa y la interconexión global es la norma, también florecen las amenazas que acecha
Estamos presenciando una revolución que está redefiniendo el futuro de incontables disciplinas, y las matemáticas no son una excepción. La emergencia y r
En un mundo cada vez más interconectado y tecnológicamente avanzado, la línea entre la ciencia ficción y la realidad se difumina a pasos agigantados. La edición más reciente del Consumer Electronics Show (CES) en Las Vegas, el epicentro mundial de la innovación tecnológica, ha sido testigo de innumerables avances, pero pocos han capturado la imaginación colectiva con la intensidad que lo ha hecho la última propuesta de LG: CLOiD. Este no es un robot doméstico cualquiera; es una audaz declaración de intenciones que redefine lo que esperamos de la tecnología en nuestros hogares, al introducir un concepto tan revolucionario como vital: la inteligencia afectiva. Imaginen un compañero que no solo ejecuta tareas, sino que también percibe y reacciona a sus estados de ánimo, un miembro más de la familia que contribuye a un ambiente de bienestar emocional. CLOiD, con su enfoque en la conexión humana, promete llevar la interacción hombre-máquina a un nivel sin precedentes, invitándonos a contemplar un futuro donde la tecnología no solo facilita la vida, sino que también la enriquece emocionalmente.
La integración de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito profesional prometía eficiencia, agilidad y una revolución en la forma de trabajar, especialmente en sectores tan intensivos en información como el jurídico. Sin embargo, como toda tecnología emergente, la IA viene acompañada de desafíos, riesgos y una curva de aprendizaje que, a veces, se traduce en situaciones inesperadas. Recientemente, una noticia ha sacudido la comunidad jurídica en España, encendiendo las alarmas sobre la necesidad de una implementación cautelosa y rigurosa de estas herramientas. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias ha iniciado una investigación formal a un abogado por un motivo insólito: haber presentado ante los tribunales sentencias inexistentes, cuya creación atribuye a la inteligencia artificial. Este suceso no es solo una anécdota, sino un hito que nos obliga a reflexionar profundamente sobre la ética, la responsabilidad profesional y el papel ineludible de la supervisión humana en la era de la IA.
La Consumer Electronics Show (CES) siempre ha sido el epicentro global donde el futuro se hace presente, una ventana a las innovaciones que pronto transformarán nuestra vida cotidiana. El CES 2026 no es la excepción, y desde los primeros momentos de su apertura en Las Vegas, ha quedado meridianamente claro cuáles son los pilares sobre los que se construirá la próxima década tecnológica: la inteligencia artificial (IA) y la robótica. Ambos campos, lejos de desarrollarse de forma aislada, convergen en una sinergia fascinante que promete redefinir industrias enteras, desde la salud y la manufactura hasta el entretenimiento y la vida en el hogar. La expectación es palpable, no solo por la magnificencia de los dispositivos y sistemas presentados, sino por la profunda reflexión que provocan sobre nuestro porvenir. ¿Estamos listos para esta nueva era de máquinas inteligentes y asistentes autónomos que ya no solo complementan, sino que dirigen y optimizan gran parte de nuestras interacciones y procesos? El CES 2026 nos invita a explorar precisamente eso, con una audacia y una escala sin precedentes.
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, nuestros dispositivos móviles, antes símbolos de vanguardia, pueden volverse obsoletos más rápido de lo que imaginamos. Recientemente, el gigante tecnológico Xiaomi ha emitido una especie de "aviso a navegantes", sugiriendo que ciertos modelos de sus smartphones, particularmente aquellos lanzados hace algunos años, podrían necesitar ser reemplazados para el año 2026. Este tipo de declaraciones, aunque predecibles en la industria, siempre generan revuelo y nos obligan a reflexionar sobre la vida útil de nuestros compañeros digitales. ¿Significa esto que nuestro fiel Xiaomi dejará de funcionar de repente? No exactamente, pero sí implica una serie de consideraciones importantes que todo usuario debería tener en cuenta. La obsolescencia, lejos de ser un apagón abrupto, es un proceso gradual que afecta desde la seguridad hasta la experiencia de usuario. Prepárate para entender las implicaciones de este anuncio y cómo identificar si tu dispositivo está en la lista de los que se acercan al final de su ciclo óptimo.