¿Por qué Windows 11 usa tanta memoria RAM y cómo puedes evitarlo?
La llegada de Windows 11 supuso un salto estético y funcional significativo en el ecosistema de Microsoft. Sin embargo, no tardaron en surgir las quejas
La llegada de Windows 11 supuso un salto estético y funcional significativo en el ecosistema de Microsoft. Sin embargo, no tardaron en surgir las quejas
En el vasto y a menudo turbulento universo de la tecnología, pocas figuras brillan con la intensidad y el impacto de Steve Jobs. Su regreso a Apple en 1997 es una de esas historias épicas que ha sido contada una y mil veces, pero ciertos detalles, aparentemente pequeños, revelan la magnitud de su visión y la audacia que lo caracterizaba. Uno de esos detalles, quizá menos conocido por el gran público, es el de un simple cheque. Un trozo de papel que, en su momento, representó un acto de fe desesperado por parte de una compañía moribunda y su líder regresado. Hoy, ese mismo cheque, con la firma inconfundible de Jobs, no es solo una reliquia, sino un testimonio tangible de un giro empresarial que se valora en cifras astronómicas, llegando a superar con creces su valor original, en una proporción que evoca la legendaria revalorización de otros artefactos de Apple. Es una lección sobre el valor de la visión, el riesgo y cómo los cimientos de un imperio pueden ser forjados con lo que, a primera vista, parece una miseria.
Windows 11, la última iteración del sistema operativo más utilizado del mundo, aterrizó con una promesa de modernidad, seguridad mejorada y una experiencia de usuario más pulcra. Sin embargo, su lanzamiento y los años posteriores han estado marcados por un crecimiento en la cuota de mercado más lento de lo esperado y una recepción mixta por parte de los usuarios. Muchos se preguntan si la experiencia que ofrece justifica los requisitos de hardware o los cambios en la interfaz que, para algunos, complican más que simplifican.
El fin de año y el comienzo de uno nuevo, a pesar de estar rodeados de un aura de celebración y esperanza, pueden convertirse para muchas personas en una
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En un mundo cada vez más interconectado, donde la información se ha consolidado como el activo más valioso de cualquier sociedad y economía, la ciberseguridad y la gobernanza de datos no son meros apéndices tecnológicos, sino pilares fundamentales para la soberanía digital y el desarrollo sostenible. La digitalización ha traído consigo una proliferación exponencial de datos, desde los generados por dispositivos IoT hasta los complejos entramados de información industrial o sanitaria. Gestionar estos volúmenes de manera segura, eficiente y ética es el gran desafío de nuestra era. En este contexto, Euskadi ha emergido con una visión clara y audaz, posicionándose no solo como un actor relevante, sino como un auténtico referente en la construcción y el impulso de los espacios de datos de ciberseguridad, un concepto que redefine la manera en que entendemos la compartición y protección de la información.