En el vertiginoso mundo de la tecnología, donde cada año las empresas compiten por lanzar productos que prometen un rendimiento sin precedentes, es fácil perderse en un mar de cifras y acrónimos. Cuando se trata de elegir un procesador, la unidad central de procesamiento (CPU) que actúa como el cerebro de cualquier ordenador, existe una tendencia casi innata a caer en la trampa de un único número, un valor aislado que, a primera vista, parece dictar su potencia. Ya sea en la arena de Intel o en la de AMD, los dos gigantes que dominan el mercado, la sabiduría popular a menudo señala hacia una métrica en particular como el faro definitivo del rendimiento. Sin embargo, permítame desmontar ese mito desde el principio: no se deje engañar, porque ese número, sea cual sea, es solo una fracción de la historia, una cifra que, ignorada en su aislamiento, le salvará de tomar una decisión errónea y costosa.
En un giro que resuena con la tradición y la búsqueda de la máxima eficiencia, Samsung ha confirmado lo que muchos en la industria tecnológica esperaban
En el vertiginoso mundo de la tecnología, donde la obsolescencia programada parece una sombra constante, la noticia de que Apple ha declarado "vintage" al último modelo de MacBook Air equipado con procesadores Intel es un hito que, para muchos, marca el fin de una era. No es solo un anuncio técnico; es un recordatorio de la implacable marcha de la innovación, especialmente palpable en la transición de la compañía de Cupertino hacia sus propios chips Apple Silicon. Para quienes poseen uno de estos equipos, la pregunta es inevitable: ¿qué implica realmente esta clasificación y, lo más importante, es el momento de considerar una renovación?
Después de un prolongado y complejo recorrido judicial que ha durado más de una década y media, Intel Corporation, el gigante de los microprocesadores, h
La esencia de la demanda interpuesta por Ucrania, a través de su Fondo de Propiedad Estatal (SPF), radica en la acusación de que chips fabricados por Intel y AMD han sido detectados en drones y armamento ruso utilizado en la invasión. Esta no es una afirmación trivial; los drones, desde los modelos de reconocimiento hasta los letales drones suicidas, se han convertido en una pieza central de la estrategia militar rusa, permitiendo ataques de precisión, vigilancia y una capacidad destructiva sin precedentes en este conflicto. La ausencia de estos componentes microelectrónicos modernos, según la postura ucraniana, paralizaría significativamente la capacidad de Rusia para fabricar y operar estos sistemas armados.