El diésel está de vuelta: los motores con este combustible regresan a las principales marcas de Stellantis

En un giro que muchos consideraban impensable hace apenas unos años, el motor diésel, ese viejo conocido que ha impulsado la movilidad de millones durante décadas, parece estar experimentando un resurgimiento notable. Después de una época marcada por el "Dieselgate", las crecientes restricciones ambientales y el empuje imparable hacia la electrificación, la noticia de que Stellantis, uno de los grupos automotrices más grandes del mundo, planea reintroducir motores diésel en algunas de sus principales marcas, ha generado un debate considerable. Este movimiento no es solo una anécdota, sino una señal potencialmente significativa de la compleja realidad que enfrenta la industria automotriz en su transición energética. ¿Es un paso atrás, una estrategia pragmática o una adaptación a las necesidades persistentes del mercado? La respuesta probablemente reside en una combinación de factores, y analizar este retorno inesperado nos ofrece una ventana a las intrincadas decisiones que los fabricantes deben tomar en la era actual.

El retorno inesperado de un viejo conocido

El diésel está de vuelta: los motores con este combustible regresan a las principales marcas de Stellantis

Durante la última década, el diésel ha sido sometido a un escrutinio sin precedentes. La preocupación por las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas, acentuada por el escándalo de las manipulaciones en las pruebas de emisiones, llevó a una caída drástica en su popularidad, especialmente en Europa. Gobiernos y autoridades locales implementaron zonas de bajas emisiones y anunciaron planes para prohibir la venta de vehículos diésel en el futuro. Ante este panorama, muchos fabricantes, incluido el propio Stellantis, comenzaron a reducir o eliminar por completo las opciones diésel de sus catálogos, concentrándose en motores de gasolina más eficientes, híbridos y, por supuesto, eléctricos puros. La narrativa general era clara: el diésel tenía sus días contados.

Sin embargo, el anuncio de Stellantis, que contempla el regreso de motores diésel modernizados a marcas como Peugeot, Citroën, Opel e incluso Jeep en algunos mercados, desafía esta percepción. Este no es un retorno nostálgico, sino una decisión estratégica fundamentada. No estamos hablando del diésel de hace veinte años, sino de unidades que incorporan la última tecnología en reducción de emisiones, cumpliendo con las más estrictas normativas actuales, y posiblemente incluso adelantándose a futuras exigencias. Mi opinión personal es que esta decisión subraya una verdad ineludible: la transición energética es compleja y no lineal. No todas las regiones ni todos los segmentos de clientes están listos para una electrificación total, o simplemente, las alternativas eléctricas no satisfacen plenamente ciertas necesidades, al menos no todavía.

Un cambio en la narrativa automotriz

La reintroducción del diésel por parte de un gigante como Stellantis implica un cambio significativo en la narrativa que ha dominado la industria. Hasta ahora, el diésel era frecuentemente presentado como una tecnología del pasado, un puente hacia la electrificación que pronto sería demolido. Ahora, se le postula, en ciertas configuraciones, como una opción viable para el presente, e incluso para un futuro cercano. ¿Cómo se justifica este movimiento? Stellantis, sin duda, argumentará que los diésel modernos son significativamente más limpios y eficientes que sus predecesores. Han invertido miles de millones en desarrollar sistemas de postratamiento de gases de escape, como el AdBlue (urea), los filtros de partículas diésel (DPF) y los catalizadores de reducción selectiva (SCR), que han logrado reducir drásticamente las emisiones de contaminantes. La narrativa ahora es que un diésel actualizado puede ser una solución de bajas emisiones de CO2 para ciertos usos, especialmente en el transporte de larga distancia o en vehículos comerciales y SUVs de mayor tamaño, donde la autonomía y el par motor son críticos.

Este enfoque también reconoce que la infraestructura de recarga para vehículos eléctricos aún no está plenamente desarrollada en todas partes, y que la tecnología de baterías, aunque avanza a pasos agigantados, todavía presenta limitaciones en coste, peso y autonomía para ciertas aplicaciones intensivas. En este contexto, el diésel puede ofrecer una solución más práctica y económica para un segmento de consumidores y empresas que necesitan vehículos robustos y eficientes en combustible para largos recorridos o cargas pesadas. El desafío para Stellantis será comunicar eficazmente este mensaje al público, que ha sido condicionado a ver el diésel con una mirada crítica. La confianza del consumidor será clave para el éxito de esta estrategia.

Las razones detrás de la decisión de Stellantis

Analizar las motivaciones de un grupo del calibre de Stellantis es fundamental para entender este giro. No se trata de una decisión caprichosa, sino de un movimiento calculado en un mercado automotriz extremadamente volátil y regulado.

Eficiencia y rendimiento: ventajas inherentes del diésel

La principal ventaja del motor diésel siempre ha sido su eficiencia. Debido a su mayor relación de compresión y al tipo de combustión, los motores diésel consumen menos combustible que sus equivalentes de gasolina, lo que se traduce en menores emisiones de CO2 por kilómetro. Para los vehículos que recorren muchos kilómetros al año, esta eficiencia se traduce en un ahorro significativo en costes de combustible, un factor no menor para el consumidor promedio y, en particular, para las flotas comerciales. Además, los motores diésel son conocidos por su elevado par motor a bajas revoluciones, lo que los hace ideales para vehículos pesados, SUVs y furgonetas que necesitan capacidad de arrastre o para transportar cargas voluminosas. En segmentos donde la electrificación todavía lucha por ofrecer una alternativa rentable y con suficiente autonomía sin comprometer la capacidad de carga (como los vehículos comerciales ligeros), el diésel sigue siendo una opción muy competitiva. La demanda en estos nichos de mercado, aunque menor que en el pasado, sigue siendo robusta.

La evolución tecnológica del diésel moderno

Es imperativo diferenciar entre el diésel del pasado y el diésel que Stellantis planea reintroducir. Los motores modernos están equipados con sofisticados sistemas de control de emisiones que los hacen considerablemente más limpios. Los sistemas de inyección common rail de alta presión, la recirculación de gases de escape (EGR) controlada electrónicamente, los filtros de partículas diésel (DPF) que eliminan casi por completo el hollín, y los sistemas SCR (Reducción Catalítica Selectiva) que utilizan AdBlue para convertir los óxidos de nitrógeno en nitrógeno y agua inofensivos, son estándar. Estos avances han permitido que los motores diésel cumplan con normativas cada vez más estrictas, como la Euro 6d y, potencialmente, la futura Euro 7. Mi opinión es que si la industria y los reguladores pueden garantizar la efectividad y el mantenimiento adecuado de estos sistemas a lo largo de la vida útil del vehículo, el diésel moderno tiene un papel que desempeñar como parte de una estrategia energética diversificada. El problema no es la tecnología en sí, sino su implementación y la confianza que genera. Si Stellantis ha decidido dar este paso, es porque confía en que sus motores no solo cumplirán, sino que superarán las expectativas de limpieza.

Factores económicos y de mercado

La economía juega un papel crucial. El desarrollo de una nueva plataforma eléctrica o la adaptación de una existente es una inversión masiva. Los motores diésel, por otro lado, se benefician de décadas de investigación y desarrollo. Las plataformas y las cadenas de suministro para estos motores ya existen, lo que permite a los fabricantes optimizar los costes de producción y ofrecer vehículos a precios más competitivos. En un momento donde los costes de las materias primas para baterías están fluctuando y los precios de los vehículos eléctricos siguen siendo, en promedio, más altos que sus equivalentes de combustión, ofrecer una opción diésel eficiente puede ser una estrategia inteligente para mantener la accesibilidad y la competitividad en ciertos segmentos. Además, la demanda de diésel no ha desaparecido por completo en todos los mercados. Aunque ha disminuido en Europa Occidental, sigue siendo relevante en algunas regiones de Europa del Este, África, o Asia, donde la infraestructura de carga es escasa y los vehículos diésel son valorados por su robustez y autonomía. Las cifras de ventas en algunos mercados aún muestran una proporción considerable de vehículos diésel, especialmente en flotas.

Desafíos y oportunidades en el horizonte

El camino para el diésel renovado de Stellantis no estará exento de obstáculos, pero también presenta oportunidades únicas.

La sombra de la normativa ambiental

Uno de los mayores desafíos será la normativa ambiental. La propuesta de la Euro 7, aunque su aplicación ha sido suavizada, sigue siendo una espada de Damocles sobre los motores de combustión interna. Aunque los diésel modernos pueden cumplir con los límites actuales, la inversión continua necesaria para adaptarse a futuras regulaciones más estrictas podría ser considerable. Además, la expansión de las zonas de bajas emisiones (ZBE) en ciudades europeas, que a menudo restringen el acceso a vehículos diésel más antiguos, podría generar confusión o reticencia entre los consumidores, incluso para los modelos nuevos y limpios. La Comisión Europea sigue comprometida con la reducción de emisiones, y el diésel, por muy limpio que sea, siempre estará bajo el escrutinio de los grupos ecologistas.

La competencia con la electrificación

La estrategia de Stellantis no es abandonar la electrificación; muy al contrario, el grupo tiene ambiciosos planes para un futuro eléctrico. El regreso del diésel debe interpretarse como una estrategia multi-energía, una forma de ofrecer diversas opciones a los consumidores mientras la tecnología eléctrica madura y se vuelve más accesible. Los vehículos eléctricos tienen sus propias ventajas indiscutibles en términos de emisiones locales cero y experiencia de conducción. Sin embargo, para aquellos que requieren una gran autonomía sin pausas largas, remolcar cargas pesadas o tienen un acceso limitado a infraestructura de carga, el diésel sigue siendo una alternativa sólida. En mi opinión, el diésel no compite frontalmente con el eléctrico en todos los segmentos, sino que complementa la oferta, permitiendo a Stellantis no dejar desatendidos ciertos nichos de mercado donde la electrificación total aún no es la solución óptima. Es una muestra de pragmatismo ante una transición que, para ser exitosa, debe ser inclusiva y adaptable a diferentes realidades.

Percepción del consumidor y la imagen de marca

Quizás el desafío más grande para Stellantis sea revertir la percepción negativa que muchos consumidores tienen ahora del diésel. La educación será clave. Será necesario comunicar de manera efectiva que estos nuevos motores son fundamentalmente diferentes de los que generaron controversia. Campañas de marketing que resalten las innovaciones tecnológicas, la reducción de emisiones y los beneficios de eficiencia serán cruciales para reconstruir la confianza. Además, las marcas de Stellantis deberán asegurar que la implementación y el mantenimiento de estos sistemas de control de emisiones sean impecables para evitar cualquier nuevo escándalo. La imagen de marca, construida a lo largo de décadas, podría verse afectada si el público no percibe este movimiento como una solución responsable y tecnológicamente avanzada.

Impacto en la industria y el consumidor

La decisión de Stellantis podría tener repercusiones más allá de sus propias marcas, influenciando a la industria en general y ofreciendo nuevas opciones a los conductores.

¿Qué significa para los fabricantes?

Este movimiento podría llevar a otros fabricantes a reevaluar sus propias estrategias. Si Stellantis logra éxito con su diésel renovado, otros grupos automotrices podrían considerar que también hay espacio para esta tecnología en sus ofertas, especialmente en mercados o segmentos específicos. Podríamos ver una ralentización en la "desdiéselización" total que se había pronosticado, o al menos un reconocimiento de que las estrategias multi-energía son más resilientes. Esto no significa un abandono de la electrificación, sino una diversificación de riesgos y una adaptación a una realidad de mercado más heterogénea. También podría generar más competencia en el desarrollo de motores de combustión interna ultralimpios, lo que, en última instancia, beneficiaría al medio ambiente al reducir las emisiones de los vehículos existentes.

¿Qué significa para el conductor?

Para el consumidor, la reintroducción de opciones diésel significa más variedad y flexibilidad. Aquellos que valoran la autonomía, el bajo consumo de combustible en largos recorridos, la capacidad de remolque o simplemente un menor coste inicial en comparación con un eléctrico equivalente, tendrán una opción moderna y más limpia a su disposición. La necesidad de repostar AdBlue será una consideración, pero ya es una práctica habitual para muchos conductores de diésel. Es importante que los conductores estén bien informados sobre las características y requisitos de estos nuevos diésel, para que puedan tomar decisiones de compra que se ajusten a sus necesidades reales de movilidad y a las regulaciones locales. Al final, tener más opciones siempre es positivo, siempre y cuando estas opciones sean responsables y cumplan con los más altos estándares ambientales.

En resumen, el retorno del diésel bajo el paraguas de Stellantis no es un viaje al pasado, sino una mirada pragmática al presente y al futuro cercano de la automoción. Representa un reconocimiento de que la transición energética es un camino lleno de matices, donde la tecnología, la economía, las regulaciones y las necesidades del consumidor se entrelazan de manera compleja. Aunque el futuro a largo plazo apunta inequívocamente hacia la electrificación, el diésel modernizado podría desempeñar un papel crucial como una solución eficiente y de bajas emisiones de CO2 para ciertos segmentos y mercados, actuando como un complemento estratégico en la ruta hacia una movilidad más sostenible. Será fascinante observar cómo esta apuesta se desarrolla y qué impacto tendrá en la dirección general de la industria automotriz.

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