Normalizar la incertidumbre

Vivimos en una era que, paradójicamente, nos impulsa a buscar certezas absolutas mientras nos confronta constantemente con lo imprevisible. Desde los vaivenes económicos hasta los desafíos medioambientales, pasando por las rápidas transformaciones tecnológicas y los cambios en las dinámicas sociales, la incertidumbre se ha consolidado no solo como una característica más de nuestra existencia, sino como una compañera de viaje omnipresente. Sin embargo, nuestra naturaleza humana, forjada por miles de años de evolución que valoraban la predictibilidad para la supervivencia, a menudo se resiste a esta realidad. Nos sentimos incómodos, ansiosos y, en ocasiones, paralizados ante lo desconocido. Este post explora la urgente necesidad de normalizar la incertidumbre, no como una señal de debilidad o derrota, sino como una poderosa herramienta para el crecimiento personal y colectivo, una habilidad fundamental para navegar el complejo mundo actual. Mi intención es ofrecer una perspectiva que no solo acepte, sino que abrace la ambigüedad, transformando la ansiedad que suele acompañarla en una fuente de adaptabilidad y resiliencia.

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El colapso en sistemas a gran escala: más allá del fallo singular según Carlos Lizaga de HUAWEI Cloud

En la era digital actual, donde la vida cotidiana y la economía global dependen de sistemas informáticos masivos e interconectados, la fiabilidad se ha convertido en una preocupación primordial. Desde redes sociales hasta infraestructuras críticas, esperamos que estos sistemas funcionen sin interrupciones, pero la realidad nos muestra que el colapso es una eventualidad. La naturaleza de estos fallos, sin embargo, es a menudo malinterpretada. Como bien apunta Carlos Lizaga de HUAWEI Cloud, "El colapso en sistemas a gran escala raramente es causado por un fallo singular". Esta afirmación es un pilar fundamental para comprender la complejidad inherente a la ingeniería de sistemas modernos y nos invita a reflexionar sobre cómo diseñamos, operamos y mantenemos la infraestructura digital de nuestro mundo. No se trata de una única pieza de software o hardware que se rompe, sino de una orquesta desafinada de eventos que convergen en un punto crítico, desencadenando una cascada de problemas que exceden la capacidad de respuesta del sistema. Es una lección que hemos aprendido, a menudo por las malas, y que sigue siendo de vital importancia para cualquier organización que aspire a la resiliencia en un entorno tecnológico cada vez más volátil.

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