En la vasta biblioteca de contenido que ofrecen las plataformas de streaming, a menudo se esconden auténticas joyas, o al menos curiosidades cinematográficas, que esperan ser redescubiertas por una nueva generación de espectadores. Prime Video, con su catálogo en constante expansión, alberga una de esas piezas: un slasher de hace tres décadas que, para sorpresa de muchos, cuenta con un joven e incipiente Brad Pitt en uno de sus primeros papeles protagónicos. Este hallazgo no solo es un deleite para los aficionados al cine de terror de serie B, sino que también ofrece una fascinante ventana al pasado de una de las mayores estrellas de Hollywood. Es un recordatorio de que incluso los íconos globales tuvieron sus humildes comienzos, a menudo en géneros que hoy podrían parecer dispares a su imagen actual.
Un viaje al pasado: La joya oculta de Brad Pitt
Imaginemos por un momento la emoción de toparse con una película que encapsula no solo la esencia de una época dorada del terror, sino que además nos permite ser testigos de los primeros pasos de un actor que más tarde definiría una generación. El film en cuestión es El Asesino de la Clase, conocido en su idioma original como Cutting Class, estrenado en 1989. Es, sin duda, una reliquia, un artefacto cultural de los últimos años de la década de los ochenta, que ahora, gracias a la accesibilidad de Prime Video, puede ser disfrutado o, al menos, analizado por todos.
El surgimiento de una estrella en el género slasher
Cutting Class sitúa a Brad Pitt en un papel juvenil que, si bien no es el protagónico principal, le otorga una visibilidad considerable. Interpreta a Dwight Ingalls, un estudiante popular y atleta, que se convierte en uno de los principales sospechosos cuando una serie de asesinatos empiezan a sacudir el instituto local. La trama gira en torno a Paula Carson, una joven cuya vida se complica cuando su novio, Brian Woods, regresa a la escuela tras haber sido internado en una institución mental por un incidente en el pasado que involucraba a su padre. La tensión se dispara cuando un desconocido asesino comienza a acechar a los estudiantes y profesores, y las sospechas recaen alternativamente en Brian, en el propio Dwight, o incluso en el director del centro.
Lo que hace a Cutting Class particularmente interesante no es tanto su guion, que sigue muchas de las fórmulas del slasher de la época, sino la oportunidad de ver a Brad Pitt en una etapa tan temprana de su carrera. Su encanto ya era palpable, a pesar de que su personaje no escapa a los clichés del "chico guapo" o "estereotipo deportivo". Aquí no tenemos al Brad Pitt de Seven, ni al de El club de la lucha, ni mucho menos al de Érase una vez en Hollywood. Es un Brad Pitt fresco, con una energía innegable, aún puliendo sus habilidades frente a la cámara, pero ya con esa chispa que presagiaba su futuro estelar. Es genuinamente fascinante observar cómo, incluso en una película de bajo presupuesto y con pretensiones limitadas, ciertos talentos sobresalen. Y el de Pitt era uno de ellos. No era el protagonista absoluto, pero su presencia en pantalla ya capturaba la atención.
La película, como buen slasher, se regodea en el misterio del asesino, en los giros argumentales (algunos más predecibles que otros) y, por supuesto, en las muertes creativas, aunque no excesivamente gráficas para los estándares actuales. Es una pieza que respira el aire de los ochenta por cada uno de sus poros, desde la vestimenta hasta la banda sonora y la estética general del instituto americano. Para quienes somos aficionados al terror, especialmente al subgénero slasher, es una especie de cápsula del tiempo, y el hecho de que Brad Pitt esté en ella añade una capa extra de interés. Más allá de su valor intrínseco como película de terror, que para muchos será modesto, su relevancia aumenta exponencialmente al considerarla en el contexto de la filmografía de una superestrella. Puedes encontrar más detalles sobre esta película en su ficha de IMDb.
El contexto cinematográfico: Los ochenta y el auge del slasher
La década de los ochenta fue, sin lugar a dudas, la era dorada del género slasher. Tras el éxito de películas como Halloween (1978) y Viernes 13 (1980), la industria cinematográfica se volcó en producir innumerables títulos que seguían una fórmula probada: un asesino misterioso, generalmente enmascarado o con una apariencia distintiva, persiguiendo y eliminando a un grupo de jóvenes (a menudo adolescentes) en un escenario aislado o familiar, como un campamento de verano, una casa de fraternidad o, como en este caso, un instituto.
Características distintivas del género
El slasher de los ochenta se caracterizaba por varios elementos recurrentes. Primero, la figura del "final girl" (la última chica), una joven inteligente, virtuosa y a menudo virginal, que lograba sobrevivir al asesino y, en muchos casos, enfrentarse a él. Segundo, las muertes eran a menudo elaboradas y creativas, aunque la sangre y el gore variaban según la producción y las restricciones de clasificación por edades. Tercero, la moralidad solía jugar un papel, con los personajes que se entregaban a la promiscuidad o al consumo de drogas siendo los primeros en caer. Y cuarto, el elemento del misterio: ¿quién es el asesino? La revelación final del perpetrador era un pilar fundamental de la trama.
Películas como Pesadilla en Elm Street, Prom Night o My Bloody Valentine son ejemplos claros de cómo el género floreció, estableciendo tropos que aún hoy son referenciados y parodiados. Los asesinos como Freddy Krueger, Jason Voorhees o Michael Myers se convirtieron en iconos culturales, trascendiendo las películas para convertirse en figuras reconocibles incluso por quienes no son asiduos al terror. Este fue un periodo de gran creatividad dentro de un molde bastante estricto, donde cada película intentaba añadir su propio giro a la fórmula. Para entender más sobre este fascinante género, la página de Wikipedia sobre el slasher es un buen punto de partida.
*Cutting Class* y su lugar en el canon
Cutting Class encaja cómodamente en esta tradición. No es una de las grandes obras maestras del género, ni pretendía serlo. Se trataba de una producción de bajo presupuesto, una "película de serie B" en el mejor sentido de la palabra, diseñada para el mercado de videoclubes y para ser proyectada en sesiones dobles. Sin embargo, precisamente por eso, tiene su propio encanto. Representa una época en la que Hollywood no tenía miedo de experimentar con el terror juvenil, dando oportunidades a jóvenes talentos tanto delante como detrás de las cámaras.
La película, dirigida por Rospo Pallenberg, un cineasta con una carrera más orientada al guion y la producción, no reinventa la rueda del slasher. Pero lo que sí hace es ejecutar la fórmula con una energía juvenil que, en parte, se debe a su elenco. La presencia de Brad Pitt en una película de este calibre, en el ocaso de la década, sirve como una especie de epílogo a esa explosión del género, justo antes de que el terror virase hacia otras subcategorías en los noventa. Es un recordatorio de que, incluso en los márgenes de la industria, se estaban gestando los futuros titanes del cine.
Brad Pitt antes del estrellato global
Resulta casi impensable asociar hoy a Brad Pitt, un actor con dos premios Óscar, un productor aclamado y un icono cultural, con un modesto slasher de finales de los ochenta. Sin embargo, la trayectoria de cualquier estrella está plagada de estos inicios, de papeles pequeños, a menudo en producciones que no prometen la gloria. Es en estos roles donde se forja el carácter, donde se aprende el oficio y donde se cometen los primeros errores que, a la larga, contribuyen a una carrera duradera.
De papeles secundarios a icono de Hollywood
Antes de convertirse en el Brad Pitt que todos conocemos, el que deslumbró en Thelma & Louise (1991), que nos aterrorizó en Seven (1995), que nos perturbó en El club de la lucha (1999) o nos cautivó en El curioso caso de Benjamin Button (2008) y Érase una vez en Hollywood (2019), hubo un Brad Pitt luchando por hacerse un hueco en la industria. Sus primeros trabajos incluyen apariciones en series de televisión como Dallas y 21 Jump Street, y pequeños papeles en películas como Hunk o Happy Together.
Cutting Class fue uno de esos peldaños cruciales. Aunque no fue un éxito comercial ni de crítica, le dio experiencia en un papel más significativo y lo expuso a una audiencia más amplia (aunque fuera la del videoclub). Apenas un par de años después, su escena sin camiseta en Thelma & Louise lo catapultaría a la fama, convirtiéndolo instantáneamente en un "sex symbol" y abriéndole las puertas a papeles más complejos y ambiciosos. Desde entonces, su carrera ha sido una de las más consistentes y variadas en Hollywood, demostrando una y otra vez su capacidad para elegir proyectos interesantes y para transformarse en personajes completamente diferentes.
Ver Cutting Class hoy es como hojear un álbum de fotos antiguo de alguien famoso; se aprecian los rasgos, la esencia, pero todavía no la imagen pulida y consolidada que conocemos. Es un testimonio de su persistencia y de la necesidad de todo actor de empezar desde abajo. Nos recuerda que, para cada superestrella, hay una historia de audiciones fallidas, de papeles olvidables y de mucho trabajo duro. La biografía de Brad Pitt en Wikipedia es un excelente recurso para trazar su evolución.
Prime Video y la resurrección de clásicos olvidados
Una de las grandes ventajas de la era del streaming es la capacidad de las plataformas para desempolvar películas que, de otra manera, quedarían relegadas al olvido en estanterías de videoclubes o en colecciones privadas. Servicios como Prime Video se han convertido en verdaderas arcas de cine, donde conviven los últimos estrenos con títulos que tienen décadas de antigüedad y que quizás no encontraron su público en su momento, o simplemente cayeron en el ostracismo.
El valor de las plataformas de streaming
La democratización del acceso al cine es un beneficio innegable de las plataformas de streaming. Antes, buscar una película como Cutting Class implicaría una búsqueda ardua en tiendas de segunda mano, videoclubes especializados o, en el mejor de los casos, la suerte de toparse con ella en algún canal de televisión por cable en una reposición nocturna. Ahora, con unos pocos clics, está disponible para millones de suscriptores. Esto no solo facilita la "arqueología cinematográfica" para cinéfilos, sino que también permite que nuevas generaciones descubran el contexto de la historia del cine, entendiendo cómo evolucionaron los géneros y las carreras de los actores.
Para mí, esta accesibilidad es uno de los pilares de la cultura cinematográfica moderna. Permite que películas que, por su bajo presupuesto o por haber sido eclipsadas por otros éxitos, no recibieron la atención que merecían en su momento, tengan una segunda oportunidad. Además, para los estudios y productoras, es una manera de monetizar su extenso catálogo de obras antiguas, dándoles una nueva vida y un nuevo público. La página oficial de Prime Video es la puerta de entrada a este universo de contenido.
El legado de *Cutting Class*
¿Qué queda de Cutting Class más allá de ser una curiosidad en la filmografía de Brad Pitt? ¿Tiene un legado propio o es simplemente una nota a pie de página?
¿Un simple slasher o un presagio de grandeza?
Como film, Cutting Class es un slasher competente dentro de su categoría. No rompe moldes, pero cumple con las expectativas del género. Sus virtudes son las de muchas películas de serie B de la época: una trama sencilla pero efectiva, un ritmo adecuado y un reparto joven y entusiasta. Los fans del género slasher la aprecian por su atmósfera de instituto de finales de los 80 y por su giro final, que, aunque no original, es efectivo. Es una de esas películas que se disfrutan con una mentalidad nostálgica, apreciando sus imperfecciones como parte de su encanto.
Sin embargo, su mayor legado, y lo que realmente la convierte en un objeto de estudio hoy en día, es la participación de Brad Pitt. Es un claro ejemplo de cómo una película puede adquirir una nueva relevancia con el paso del tiempo, no por sus méritos intrínsecos como obra de arte, sino por el devenir de las carreras de sus protagonistas. Es un presagio, una pequeña señal de lo que estaba por venir. Ver a Pitt en Cutting Class es como ver los primeros esbozos de un gran artista: la habilidad ya está ahí, aunque la obra final sea modesta.
Este tipo de descubrimientos nos recuerdan que la historia del cine es un tapiz complejo, donde cada hilo, por fino que sea, contribuye al conjunto. Nos invita a explorar más allá de los grandes éxitos y a apreciar el camino, a menudo tortuoso, que llevó a los grandes nombres a la cima. Y en este caso, nos ofrece una divertida, y ligeramente escalofriante, inmersión en el Brad Pitt de antaño, ese que estaba a punto de conquistar Hollywood. Si te interesa el terror de los 80, quizás te interese revisar las mejores películas de terror de los 80.
En definitiva, que Prime Video nos dé acceso a Cutting Class es un pequeño tesoro. Es una oportunidad para los fans de Brad Pitt de ver una faceta poco conocida de su ídolo, para los amantes del terror de los 80 de reencontrarse con un slasher clásico (o casi clásico), y para todos, una lección sobre cómo la historia del cine está llena de sorpresas y conexiones inesperadas. Así que, si buscas una película para una noche de nostalgia o simplemente sientes curiosidad por el pasado de una leyenda, ya sabes dónde encontrarla.