Olvídate de las apps que consumen recursos en segundo plano con este truco de Windows 11

¿Alguna vez has notado que tu flamante Windows 11, ese que prometía una experiencia fluida y rápida, empieza a sentirse lento, pesado y con la batería agotándose más rápido de lo esperado? No estás solo. Muchos usuarios se enfrentan a la frustración de un sistema operativo que, con el tiempo, parece ahogarse en su propio ecosistema de aplicaciones y procesos. La realidad es que, por defecto, Windows 11 permite que numerosas aplicaciones funcionen en segundo plano, consumiendo valiosos recursos del sistema como la CPU, la memoria RAM, el disco e incluso la conexión a internet. Este comportamiento, aunque en algunos casos busca mejorar la experiencia del usuario con notificaciones instantáneas o sincronizaciones automáticas, a menudo se traduce en una merma significativa del rendimiento general. Pero no todo está perdido. Existe una forma efectiva de retomar el control, un "truco" que, más que una artimaña secreta, es una gestión inteligente y consciente de lo que permitimos que se ejecute en nuestro ordenador. Prepárate para descubrir cómo liberar a tu PC de esa carga invisible y devolverle la agilidad que tanto anhelas.

El problema de las aplicaciones en segundo plano

Olvídate de las apps que consumen recursos en segundo plano con este truco de Windows 11

El concepto de "aplicaciones en segundo plano" se refiere a aquellos programas o procesos que se ejecutan sin una interfaz visible para el usuario, realizando tareas como buscar actualizaciones, sincronizar datos, enviar notificaciones o recopilar información. Si bien algunas de estas funciones son esenciales para el buen funcionamiento del sistema o para mantenernos productivos, muchas otras son redundantes o simplemente innecesarias para la mayoría de los usuarios. Pensemos, por ejemplo, en una aplicación de redes sociales que sigue conectada y actualizando su feed aunque no la estemos usando activamente, o un juego que se mantiene "vivo" esperando a que volvamos a él. Cada una de estas instancias consume una pequeña porción de tus recursos, pero cuando se suman docenas de ellas, el impacto puede ser dramático.

La principal consecuencia de este consumo descontrolado es la ralentización del sistema. Un procesador constantemente ocupado, incluso en tareas menores, tendrá menos ciclos disponibles para las aplicaciones que sí estás usando. La memoria RAM, ese componente vital que almacena temporalmente los datos y programas activos, se llenará rápidamente, forzando al sistema a usar el disco duro como una extensión de la memoria (lo que se conoce como "paginación"), un proceso mucho más lento. Esto se traduce en tiempos de carga más largos para las aplicaciones, una menor fluidez al navegar por el sistema, e incluso "congelamientos" o cuelgues inesperados.

Además del rendimiento puro, las aplicaciones en segundo plano tienen un impacto directo en la duración de la batería de los ordenadores portátiles. Un procesador y una memoria trabajando más de lo necesario significan un mayor consumo de energía. Es un ciclo vicioso: cuanto más activas estén las aplicaciones en segundo plano, más rápido se agotará la batería, obligándonos a estar pegados al cargador o limitando nuestra movilidad. Y no olvidemos el ancho de banda. Si tienes una conexión a internet limitada o simplemente quieres asegurarte de que tus videollamadas o streamings no se vean afectados, múltiples aplicaciones sincronizando o descargando en segundo plano pueden ser un verdadero dolor de cabeza. Personalmente, me ha pasado de estar en una reunión importante y notar un lag inexplicable, solo para darme cuenta después de que una app de sincronización en la nube estaba subiendo gigabytes de información en el peor momento. Es crucial tener el control.

Comprender la gestión de energía y rendimiento en Windows 11

Windows 11, al igual que sus predecesores, incorpora diversas herramientas y mecanismos para gestionar la energía y el rendimiento del sistema. Su objetivo es encontrar un equilibrio entre la eficiencia energética y la capacidad de respuesta, pero la configuración predeterminada a menudo favorece la comodidad (mantener las aplicaciones listas) sobre la máxima eficiencia. La gestión de energía, por ejemplo, permite al sistema poner en reposo componentes cuando no se usan, o reducir la velocidad del procesador para ahorrar batería. Sin embargo, estas medidas pueden ser insuficientes si las aplicaciones en segundo plano están constantemente solicitando recursos.

Es importante diferenciar entre una aplicación "suspendida" y una "detenida completamente". Windows 11, especialmente con las aplicaciones de la Microsoft Store (también conocidas como aplicaciones UWP o Universales de Windows), tiene la capacidad de suspender los procesos cuando no se están utilizando activamente. Esto significa que la aplicación sigue en la memoria RAM, pero su actividad de CPU y disco se reduce drásticamente. Al volver a abrirla, se reanuda casi instantáneamente desde donde la dejamos. Esto es un avance en eficiencia, pero no es lo mismo que detenerla por completo. Si una aplicación suspendida sigue consumiendo una cantidad significativa de RAM, o si su estado de "suspensión" no es efectivo y ocasionalmente se "despierta" para realizar tareas, seguirá siendo un lastre. El truco que vamos a explorar busca ir un paso más allá para aquellas aplicaciones que, incluso suspendidas, no necesitamos que estén esperando en memoria o que, directamente, no tienen un modo de suspensión adecuado y continúan ejecutándose de forma más activa de lo deseable. La clave reside en la proactividad y en la configuración manual.

El truco definitivo: gestionar las aplicaciones de inicio y segundo plano

La verdadera optimización de Windows 11 pasa por tomar el control de qué se ejecuta y cuándo. No se trata de deshabilitar todo a ciegas, sino de realizar una gestión inteligente basada en tus necesidades. Este "truco" se compone de varias facetas, cada una de ellas crucial para liberar tu sistema.

Desactivar aplicaciones de inicio

Este es, quizás, el punto de partida más obvio y a menudo el más efectivo. Muchas aplicaciones, al ser instaladas, se configuran automáticamente para iniciarse junto con Windows. Esto puede ir desde programas legítimos que usas a diario hasta software secundario que solo necesitas esporádicamente, o incluso "bloatware" que ni siquiera sabes que existe. Cada aplicación que se carga al inicio añade tiempo al arranque del sistema y consume recursos desde el primer momento.

Para gestionarlas, abre el Administrador de tareas. Puedes hacerlo pulsando Ctrl + Shift + Esc o haciendo clic derecho en la barra de tareas y seleccionando "Administrador de tareas". Una vez abierto, ve a la pestaña "Inicio". Aquí verás una lista de todas las aplicaciones configuradas para arrancar con Windows. Se te mostrará el nombre de la aplicación, su estado (habilitada o deshabilitada) y, lo más útil, el "Impacto en el inicio" (alto, medio, bajo o ninguno).

Mi recomendación personal es revisar esta lista con ojo crítico. ¿Realmente necesitas que Spotify se inicie con Windows si solo lo usas un par de veces al día? ¿Es esencial que un gestor de descargas esté activo desde el minuto uno? Probablemente no. La mayoría de las aplicaciones pueden iniciarse manualmente cuando las necesites, sin que eso suponga una gran molestia. Para deshabilitar una aplicación, simplemente selecciónala y haz clic en el botón "Deshabilitar" en la esquina inferior derecha.

Es importante ser precavido. No deshabilites servicios críticos del sistema o controladores de hardware a menos que sepas exactamente lo que estás haciendo. Aplicaciones como las de tu tarjeta gráfica (NVIDIA, AMD), el software de audio (Realtek) o tu antivirus suelen ser importantes. Si tienes dudas sobre una aplicación, busca su nombre en Google para entender su función antes de deshabilitarla. Un buen recurso para entender qué aplicaciones de inicio son seguras de deshabilitar es el soporte de Microsoft mismo, aunque más centrado en versiones anteriores, los principios son los mismos: Cómo cambiar las aplicaciones que se inician automáticamente en Windows. Con esta simple acción, te aseguro que notarás una mejora significativa tanto en el tiempo de arranque como en la capacidad de respuesta general de tu sistema.

Controlar las aplicaciones en segundo plano de Microsoft Store (UWP)

Las aplicaciones de la Microsoft Store (UWP) tienen un sistema de gestión de segundo plano diferente al de las aplicaciones de escritorio tradicionales. Windows 11 te da un control granular sobre ellas, lo cual es una excelente noticia para la optimización.

Para acceder a estas configuraciones, ve a "Configuración" (puedes buscarlo en el menú Inicio o pulsar Win + I). Luego, navega a "Aplicaciones" y después a "Aplicaciones y características". Aquí verás una lista de todas las aplicaciones instaladas en tu sistema.

Para cada aplicación UWP (suelen ser las que se instalan desde la tienda, aunque no todas lo son), haz clic en los tres puntos verticales al lado de su nombre y selecciona "Opciones avanzadas". En esta sección, busca la opción "Permisos de aplicaciones en segundo plano". Aquí tendrás un desplegable con tres opciones:

  • Dejar que Windows decida: Esta es la opción predeterminada. Windows intentará gestionar la aplicación de la forma más eficiente, suspendiéndola cuando no esté en uso. Sin embargo, como mencioné antes, puede que no sea suficiente para todas las apps o para todos los escenarios.
  • Siempre: La aplicación se ejecutará siempre que pueda en segundo plano. Esto solo es recomendable para aplicaciones que absolutamente necesiten estar siempre activas, como ciertas aplicaciones de seguridad o de monitorización que usas constantemente.
  • Nunca: La aplicación no se ejecutará en segundo plano. Solo estará activa cuando la abras y la uses.

En mi experiencia, la opción "Nunca" es la más acertada para la inmensa mayoría de las aplicaciones de la Microsoft Store que no son críticas. Piensa en aplicaciones de noticias, el tiempo, calculadoras, o incluso algunos juegos. ¿Necesitas que la aplicación de "El Tiempo" esté constantemente actualizando su información si solo la consultas una vez al día? Probablemente no. Deshabilitar su ejecución en segundo plano no impedirá que la uses; simplemente no consumirá recursos cuando no la estés interactuando con ella. Esta es una de las configuraciones que más impacto tienen en la duración de la batería de los portátiles.

Gestión avanzada con el monitor de recursos y el administrador de tareas

Para aquellos usuarios que buscan un control aún más profundo o que desean identificar con precisión qué procesos están consumiendo la mayor cantidad de recursos en un momento dado, el Monitor de recursos y el Administrador de tareas ofrecen herramientas muy potentes.

El Administrador de tareas (Ctrl + Shift + Esc), en su pestaña "Procesos", te muestra una lista detallada de todas las aplicaciones, procesos en segundo plano y procesos de Windows que se están ejecutando. Puedes ordenar esta lista por CPU, Memoria, Disco o Red para identificar rápidamente a los mayores consumidores. Si ves un proceso que está consumiendo una cantidad desproporcionada de recursos y no estás seguro de qué es, puedes buscarlo en línea. Si determinas que es un proceso no esencial y que está causando problemas, puedes seleccionarlo y hacer clic en "Finalizar tarea". Sin embargo, ten mucho cuidado: finalizar procesos del sistema o de controladores puede llevar a la inestabilidad del sistema o al mal funcionamiento del hardware.

El Monitor de recursos, al que puedes acceder desde el Administrador de tareas (pestaña "Rendimiento" -> "Abrir Monitor de recursos") o buscando "Monitor de recursos" en el menú Inicio, proporciona una vista aún más detallada del uso de CPU, disco, red y memoria. Aquí puedes ver gráficos en tiempo real y listas de procesos que están utilizando activamente cada recurso, lo que te permite identificar patrones o picos de uso. Si encuentras un proceso recurrente que es problemático, es posible que debas investigar si es parte de un software que puedes desinstalar o configurar. Para una visión más profunda del uso del Administrador de tareas, puedes consultar artículos especializados como Cómo usar el Administrador de tareas en Windows 11.

Para usuarios muy avanzados, y como último recurso para procesos persistentes que no aparecen en la configuración de inicio ni en las opciones UWP, es posible usar la línea de comandos para terminar un proceso (taskkill /im <processname.exe> /t /f). Sin embargo, insisto, esta opción es para expertos y debe usarse con extrema precaución, ya que cerrar procesos críticos puede causar la pérdida de datos o un bloqueo del sistema. Mi opinión es que rara vez necesitarás recurrir a esto si has gestionado bien los puntos anteriores.

Servicios de Windows: un vistazo crítico

Los servicios de Windows son programas que se ejecutan en segundo plano sin una interfaz de usuario, gestionando aspectos fundamentales del sistema, desde la conexión a red hasta la impresión. Para acceder a ellos, busca "Servicios" en el menú Inicio o ejecuta services.msc.

Aquí, la precaución es aún más importante que con las aplicaciones de inicio. Deshabilitar un servicio crítico puede hacer que tu sistema operativo sea inestable o incluso inutilizable. Dicho esto, hay algunos servicios de terceros que, a veces, se instalan con software y pueden ser innecesarios. Piensa en servicios de actualizaciones de software que no usas a menudo, o servicios de hardware antiguo que ya no tienes.

Al igual que con las aplicaciones de inicio, si tienes dudas sobre un servicio, búscalo en línea. Normalmente, la columna "Descripción" te dará una idea de su función. Si identificas un servicio de terceros que no es esencial, puedes hacer doble clic en él y cambiar su "Tipo de inicio" a "Manual" o "Deshabilitado". "Manual" significa que el servicio solo se iniciará cuando una aplicación lo solicite; "Deshabilitado" significa que nunca se iniciará. Nunca toques los servicios de Microsoft a menos que una guía muy específica y confiable te lo indique. Deshabilitar servicios como "Windows Update" o "Windows Defender" no es una buena idea, ya que comprometerá la seguridad de tu sistema. Para una lista de servicios que podrían ser seguros de tocar (siempre bajo tu responsabilidad), puedes buscar guías en sitios tecnológicos reputados, por ejemplo, Servicios de Windows 11 que puedes desactivar para mejorar el rendimiento, pero siempre con muchísima cautela.

Más allá del truco: hábitos para un sistema optimizado

Si bien el truco de gestionar aplicaciones en segundo plano es potente, la verdadera maestría en el rendimiento de Windows 11 se logra complementándolo con hábitos de mantenimiento saludables. Un sistema optimizado es el resultado de un cuidado continuo, no de una solución única.

Actualizaciones y controladores

Mantener Windows 11 y todos tus controladores de hardware actualizados es fundamental. Las actualizaciones del sistema operativo no solo traen nuevas características, sino también parches de seguridad y optimizaciones de rendimiento. Del mismo modo, los controladores actualizados para tu tarjeta gráfica, chipset, audio y otros componentes aseguran que el hardware se comunique de manera eficiente con el sistema, previniendo problemas de rendimiento y estabilidad. Puedes verificar las actualizaciones de Windows en "Configuración" > "Windows Update". Para los controladores, a menudo es mejor visitar el sitio web del fabricante de tu PC o de los componentes clave. Una guía sobre cómo mantener tu sistema actualizado puede encontrarse en Mantener Windows actualizado.

Desinstalación de software no deseado

Revisa periódicamente la lista de programas instalados en "Configuración" > "Aplicaciones" > "Aplicaciones y características". Es sorprendente la cantidad de software que se acumula con el tiempo: programas que instalamos para una tarea puntual y luego olvidamos, o ese "bloatware" que venía preinstalado en el ordenador. Cada programa instalado ocupa espacio en disco y, a menudo, deja componentes o servicios residuales que pueden ejecutarse en segundo plano o impactar el rendimiento. Si no lo usas, desinstálalo.

Mantener el disco limpio y desfragmentado (o con TRIM)

Un disco duro lleno y desorganizado puede ralentizar significativamente tu sistema. Utiliza la herramienta "Liberador de espacio en disco" o la función "Sensor de almacenamiento" en "Configuración" > "Sistema" > "Almacenamiento" para eliminar archivos temporales, caché y otros datos innecesarios.

Si utilizas un disco duro tradicional (HDD), la desfragmentación es crucial para mantener un buen rendimiento. Sin embargo, si tienes una unidad de estado sólido (SSD), la desfragmentación no solo es innecesaria, sino que puede reducir la vida útil de la unidad. Para SSDs, asegúrate de que la función TRIM esté activada (normalmente lo está por defecto en Windows), ya que optimiza el rendimiento y la durabilidad.

La importancia de un buen antivirus (y no ejecutar demasiados)

Un buen software antivirus es esencial para proteger tu sistema de malware que puede consumir recursos, robar información o dañar tus archivos. Windows Defender, el antivirus integrado en Windows 11, ha mejorado enormemente con los años y es una opción muy sólida y eficiente para la mayoría de los usuarios. Sin embargo, evita instalar múltiples programas antivirus en tiempo real, ya que pueden entrar en conflicto entre sí, ralentizar el sistema y causar problemas de estabilidad. Uno es suficiente. Para más información sobre la seguridad en Windows 11, consulta Mantente protegido con la seguridad de Windows.

Reflexiones finales: equilibrio entre rendimiento y funcionalidad

La optimización de un sistema operativo como Windows 11 no es una ciencia exacta, sino un arte de equilibrio. El objetivo no es deshabilitar absolutamente todo para conseguir e

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