No esperes a 2026 para comprarte un móvil: los más baratos tendrán la memoria de los de hace 10 años

El ritmo frenético de la tecnología nos ha acostumbrado a una evolución constante y a la expectativa de que el futuro siempre nos traerá dispositivos más potentes, eficientes y capaces. Sin embargo, en el segmento de entrada del mercado de smartphones, esta progresión lineal no siempre se cumple, o al menos, no en todas sus facetas. Existe una preocupante tendencia que apunta a que, para el año 2026, los móviles más económicos podrían estar equipados con especificaciones de memoria que nos retrotraen una década en el tiempo. Esta predicción no solo es una llamada de atención, sino una invitación a reflexionar sobre el verdadero valor de la inversión tecnológica y las implicaciones que tiene para el usuario final.

Imaginemos por un momento la frustración de adquirir un dispositivo nuevo en pleno 2026 que, desde el primer encendido, se siente lento, limitado y propenso a quedarse sin espacio. Esta no es una visión distópica, sino un escenario plausible si la industria no ajusta su estrategia para la gama de entrada. La memoria RAM y el almacenamiento interno son pilares fundamentales de la experiencia de usuario, y su estancamiento en un contexto de software cada vez más exigente podría convertir a estos "nuevos" teléfonos en obsoletos nada más salir de la caja. Analicemos por qué esta situación podría materializarse y qué podemos hacer al respecto.

La memoria RAM y el almacenamiento en móviles actuales

Top view of modern computer RAM sticks arranged on a wooden surface for technology enthusiasts.

Para entender la magnitud del problema futuro, primero debemos contextualizar la situación actual. En 2024, un smartphone de gama media decente suele ofrecer un mínimo de 6 GB de RAM, siendo 8 GB o incluso 12 GB cada vez más comunes en modelos ligeramente superiores o de gama alta. En cuanto al almacenamiento interno, 128 GB se ha establecido como el punto de partida estándar, con 256 GB y 512 GB predominando en rangos superiores. Estos números son críticos porque el sistema operativo, las aplicaciones que usamos a diario, las fotos, los vídeos y el resto de archivos necesitan un espacio físico para residir y una cantidad de memoria volátil (RAM) para funcionar de manera fluida y realizar múltiples tareas simultáneamente. La velocidad del almacenamiento también ha evolucionado considerablemente, pasando de estándares eMMC más lentos a los mucho más rápidos UFS (Universal Flash Storage), lo que impacta directamente en la agilidad del dispositivo al abrir aplicaciones o manejar archivos pesados. Para una inmersión más profunda en las especificaciones actuales, puedes consultar este análisis de los mejores móviles de gama media.

Un viaje al pasado: la memoria de hace 10 años

Si retrocedemos al periodo entre 2014 y 2016, la realidad era drásticamente diferente. Un móvil de gama alta de aquel entonces solía venir con 2 GB o 3 GB de RAM, siendo 1 GB una cifra habitual en la gama media y de entrada. En términos de almacenamiento, 16 GB era lo más común, con 32 GB como una opción premium y los 64 GB reservados para los modelos más caros. Para ponerlo en perspectiva, el iPhone 6, lanzado en 2014, contaba con solo 1 GB de RAM, mientras que el Samsung Galaxy S5 (también de 2014) ofrecía 2 GB. Eran cifras que, en su momento, eran suficientes para un sistema operativo y unas aplicaciones mucho menos exigentes. Los juegos eran más simples, las aplicaciones de redes sociales consumían menos recursos y la cámara generaba archivos de menor tamaño. El software Android en sus versiones KitKat o Lollipop y iOS 8 o 9 eran mucho más ligeros y eficientes en el manejo de la memoria que sus contrapartes actuales. Este repaso a la evolución de los smartphones ofrece una perspectiva interesante sobre cómo han cambiado las cosas.

El dilema del futuro: 2026 y la gama de entrada

La preocupación surge cuando observamos la inercia de algunos fabricantes en el segmento más económico. A pesar de los avances generales, la gama de entrada a menudo se estanca en especificaciones "suficientes" para el marketing, pero insuficientes para la realidad del uso diario. No es descabellado pensar que en 2026 sigan apareciendo móviles con 4 GB de RAM y 64 GB de almacenamiento interno, justificados por un precio extremadamente bajo. Los fabricantes podrían argumentar que estos dispositivos están destinados a mercados emergentes o a usuarios con necesidades muy básicas (llamadas, mensajería instantánea), pero la realidad es que incluso esos usos básicos se han vuelto más exigentes. El sistema operativo Android por sí solo ya consume una parte considerable de esa RAM y almacenamiento. En mi opinión, esto es un flaco favor a los consumidores. La diferencia de coste entre un módulo de memoria de 4 GB y uno de 6 GB, o entre 64 GB y 128 GB, no es tan abismal para el fabricante como para el impacto en la experiencia del usuario.

Un móvil con 4 GB de RAM en 2026 probablemente presentará constantes cierres de aplicaciones en segundo plano, recargas frecuentes al cambiar entre ellas y una sensación general de lentitud y frustración. Los 64 GB de almacenamiento, con el sistema operativo ocupando ya una parte significativa (a menudo más de 10-15 GB), se llenarán rápidamente con unas pocas aplicaciones populares (WhatsApp, Instagram, TikTok), algunas fotos y vídeos, dejando al usuario con la constante tarea de gestionar y borrar archivos. Esta situación no solo degrada la experiencia, sino que también limita la vida útil efectiva del dispositivo, empujando a los usuarios a reemplazarlo mucho antes de lo que lo harían con un terminal con especificaciones más acordes al momento.

¿Por qué la memoria es crucial hoy?

El peso de los sistemas operativos

Los sistemas operativos modernos, como Android e iOS, han crecido exponencialmente en complejidad y tamaño. Incorporan innumerables funciones de seguridad, privacidad, inteligencia artificial, optimización de batería y una interfaz gráfica cada vez más sofisticada. Todo esto requiere más recursos, tanto en RAM como en almacenamiento. Una versión de Android de 2024 es mucho más pesada que una de 2014, y esta tendencia no parece revertirse. Es crucial entender que gran parte de la memoria RAM es consumida por el propio sistema antes incluso de que abramos una sola aplicación.

Aplicaciones cada vez más exigentes

Las aplicaciones, especialmente las más populares como redes sociales (Facebook, Instagram, TikTok), juegos (Genshin Impact, Call of Duty Mobile) y plataformas de streaming, son auténticos devoradores de recursos. No solo su instalación ocupa gigabytes de espacio, sino que generan una cantidad masiva de datos en caché, datos de usuario y actualizaciones constantes. Una aplicación como WhatsApp puede llegar a ocupar varios gigabytes con el tiempo debido a la descarga de medios. Los desarrolladores asumen que los usuarios disponen de una cantidad decente de RAM y almacenamiento, y no optimizan sus aplicaciones para dispositivos con especificaciones muy bajas. Esta evolución puede verse reflejada en la creciente necesidad de espacio, como se comenta en este artículo sobre el peso de las aplicaciones de Android.

Multitarea y fluidez

La capacidad de un móvil para mantener varias aplicaciones abiertas y cambiar entre ellas sin cierres o recargas es directamente proporcional a la cantidad de RAM disponible. Si abrimos el navegador, luego WhatsApp, después la cámara y volvemos al navegador, un móvil con poca RAM tendrá que "matar" las aplicaciones en segundo plano para liberar memoria, obligándolas a cargarse de nuevo cada vez que las seleccionamos. Esto interrumpe el flujo de trabajo, consume batería adicional y genera una experiencia de usuario frustrante y lenta.

Actualizaciones de software y longevidad

Los dispositivos con especificaciones de memoria muy ajustadas suelen ser los primeros en ser "olvidados" en el ciclo de actualizaciones de software. Si bien los fabricantes tienen la responsabilidad de ofrecer soporte, la realidad es que un sistema operativo más moderno, con sus nuevas características y requisitos, puede ralentizar drásticamente un teléfono con poca RAM o almacenamiento. Esto no solo significa perder nuevas funcionalidades, sino también comprometer la seguridad del dispositivo al no recibir parches importantes. Un móvil con poca memoria se convierte rápidamente en un punto débil en el ecosistema digital del usuario, y es probable que tenga una vida útil mucho más corta que uno con un poco más de "colchón" de memoria.

El coste real de un móvil barato

El atractivo de un precio bajo es innegable. Sin embargo, en el caso de los smartphones, un ahorro inicial puede transformarse rápidamente en un gasto mayor a largo plazo. Un móvil que se ralentiza constantemente, se queda sin espacio y no recibe actualizaciones, tendrá que ser reemplazado mucho antes. Esto no solo implica un coste económico adicional para el usuario, sino también un impacto ambiental significativo al contribuir al ciclo de desecho electrónico. En mi opinión, es más sensato invertir un poco más en un dispositivo que ofrezca una experiencia de uso fluida y que tenga una vida útil de al menos 3-4 años, en lugar de uno que se sentirá obsoleto en apenas uno o dos.

Estrategias de los fabricantes: ¿dónde está el truco?

Los fabricantes de móviles operan en un mercado altamente competitivo, especialmente en la gama de entrada. Para reducir costes y ofrecer precios agresivos, a menudo se ven obligados a recortar en componentes cruciales. La memoria RAM y el almacenamiento, aunque fundamentales para el rendimiento, no son tan "visibles" en las campañas de marketing como puede ser la resolución de la cámara, el tamaño de la pantalla o la capacidad de la batería. Se apela a un concepto de "suficiente" que, en la práctica, a menudo resulta insuficiente para el uso real de la mayoría de los consumidores. Es una estrategia de segmentación de mercado donde se asume que un determinado sector de usuarios solo necesita lo "mínimo", pero ese mínimo se vuelve cada vez más precario con la evolución del software. Los fabricantes juegan con la percepción y la necesidad de tener un dispositivo a un precio determinado, a veces a costa de la usabilidad a medio y largo plazo.

Recomendaciones para el consumidor inteligente

Ante este panorama, la recomendación es clara: no esperes al 2026 para ver si los móviles baratos cumplen tus expectativas. Si necesitas un nuevo móvil ahora o en el futuro cercano, sé proactivo y consciente de las especificaciones mínimas necesarias para una experiencia decente y duradera:

  • RAM: Considera 8 GB de RAM como un punto de partida cómodo para la mayoría de los usuarios. 6 GB podría ser aceptable si tu presupuesto es muy ajustado y tu uso es realmente básico, pero siempre con la consciencia de que la experiencia no será la más fluida.
  • Almacenamiento: 128 GB es el mínimo indispensable hoy. Optar por 256 GB es una inversión mucho más inteligente de cara al futuro. Asegúrate también de que sea de tipo UFS para una mayor velocidad.
  • Uso futuro: Piensa en cómo usarás el teléfono en los próximos 2-3 años. ¿Vas a instalar juegos? ¿Tomar muchas fotos y vídeos? ¿Usar aplicaciones de edición? Estas preguntas te ayudarán a definir tus necesidades de memoria.
  • Ofertas: A menudo, puedes encontrar dispositivos de gama media-alta del año anterior a precios muy competitivos. Estos teléfonos suelen tener especificaciones más robustas que la gama de entrada actual y una vida útil mucho mayor.
  • Investiga: Consulta reseñas y comparativas de fuentes fiables antes de tomar una decisión. Sitios especializados en tecnología ofrecen análisis detallados que van más allá de las especificaciones de marketing. Un buen recurso puede ser este sitio web con especificaciones y reseñas de móviles.

La sostenibilidad y el consumo responsable

La elección de un smartphone con especificaciones adecuadas no es solo una cuestión de conveniencia personal, sino también un acto de consumo responsable. Extender la vida útil de nuestros dispositivos reduce la demanda de nuevos productos, disminuye la extracción de materias primas y minimiza la generación de residuos electrónicos, un problema creciente a nivel mundial. Un móvil que se mantiene funcional y actualizado durante más tiempo es una elección más sostenible. Optar por la calidad y la durabilidad, incluso si implica un desembolso inicial ligeramente mayor, es una estrategia que beneficia tanto a nuestro bolsillo a largo plazo como al planeta. La lucha contra la obsolescencia programada y la promoción de un ciclo de vida más largo para la tecnología es un tema cada vez más relevante, como se aborda en este documento sobre los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, donde el consumo y la producción responsables son un pilar fundamental.

En definitiva, la anticipación es clave. No hay necesidad de esperar a que 2026 nos confirme una tendencia ya previsible en la gama de entrada. Tomar decisiones informadas hoy nos asegura una experiencia tecnológica más satisfactoria y una inversión más inteligente.

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