La visión de Daron Acemoglu sobre la inteligencia artificial en el Vigo Global Summit

Introducción: El futuro del trabajo y la promesa de la IA

La visión de Daron Acemoglu sobre la inteligencia artificial en el Vigo Global Summit

En un mundo cada vez más interconectado y tecnológicamente avanzado, la inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como uno de los fenómenos más disruptivos y transformadores de nuestra era. Su potencial para revolucionar industrias, redefinir el mercado laboral y alterar la dinámica social es innegable. Sin embargo, la narrativa dominante en torno a la IA a menudo se polariza entre el optimismo desmedido y el temor al desplazamiento masivo de empleos. En este contexto de incertidumbre y expectación, la intervención del premio Nobel de Economía, Daron Acemoglu, en el cierre del Vigo Global Summit, resuena con una claridad y una profundidad que invitan a la reflexión. Su afirmación contundente: "La IA pro-worker es más beneficiosa que la idea de automatización", no es simplemente una opinión; es una tesis económica y social que desafía el camino actual y propone una alternativa que podría definir el futuro de la humanidad de una manera mucho más equitativa y próspera.

Acemoglu, reconocido por su profundo análisis de las instituciones y el desarrollo económico, así como por su trabajo junto a Simon Johnson en obras seminales como Por qué fracasan los países, aporta una perspectiva crítica sobre cómo diseñamos y aplicamos la tecnología. Su enfoque va más allá de la mera eficiencia productiva para adentrarse en las implicaciones humanas y sociales. La discusión sobre la IA, desde su punto de vista, no debería centrarse únicamente en la capacidad de la máquina para replicar o superar tareas humanas, sino en cómo esta tecnología puede potenciar, complementar y enriquecer las capacidades de los trabajadores. Es una invitación a repensar no solo la tecnología en sí, sino el propósito y los valores que la guían.

Personalmente, creo que esta distinción es fundamental. Demasiado a menudo, la conversación se queda en la superficie, debatiendo si la IA quitará o creará empleos sin ahondar en el tipo de IA que estamos desarrollando y el impacto que esta elección tendrá en la estructura de nuestra sociedad. La visión de Acemoglu nos fuerza a mirar más allá de los titulares sensacionalistas y a considerar una estrategia de desarrollo tecnológico que priorice el bienestar humano y la inclusión social por encima de la mera maximización de beneficios a corto plazo.

La distinción crucial: IA pro-trabajador vs. automatización pura

¿Qué significa la IA pro-trabajador?

El concepto de "IA pro-trabajador" (pro-worker AI) que defiende Daron Acemoglu se contrapone directamente a la visión simplista y a menudo predominante de la automatización como un fin en sí mismo. En lugar de desarrollar sistemas de inteligencia artificial cuyo objetivo principal es reemplazar la mano de obra humana, la IA pro-trabajador busca diseñar tecnologías que complementen las habilidades humanas, aumenten la productividad de los trabajadores y les permitan desempeñarse de manera más efectiva y significativa. Se trata de una IA que no solo facilita la ejecución de tareas repetitivas o peligrosas, sino que también libera a los humanos para concentrarse en actividades que requieren creatividad, juicio crítico, empatía e interacción social, capacidades que, hasta el momento, siguen siendo el dominio exclusivo del ser humano.

Un ejemplo claro podría ser el uso de IA en el ámbito médico. En lugar de que un algoritmo diagnostique enfermedades de forma autónoma (lo cual podría ser un objetivo de automatización pura), una IA pro-trabajador actuaría como un asistente para el médico, procesando grandes volúmenes de datos de pacientes, sugiriendo diagnósticos diferenciales basados en la evidencia más reciente y resaltando patrones que un ojo humano podría pasar por alto. El diagnóstico final y el plan de tratamiento seguirían siendo responsabilidad del médico, que contaría con una herramienta poderosa para mejorar su precisión y eficiencia. De esta manera, la IA no sustituye al médico, sino que lo empodera, mejorando la calidad de la atención al paciente y posiblemente reduciendo el estrés laboral del profesional.

La falacia de la automatización sin matices

La idea de la "automatización" a menudo se presenta como una fuerza inevitable y un motor de progreso. Sin embargo, Acemoglu y su colega Pascual Restrepo han dedicado gran parte de su investigación a desgranar los efectos matizados de la automatización. Han demostrado que, si bien la tecnología siempre ha desplazado ciertos tipos de trabajo, históricamente también ha creado nuevos roles y ha mejorado la calidad de vida. No obstante, las últimas décadas han visto un tipo de automatización que no ha generado suficientes nuevos empleos de alta calidad o que ha concentrado los beneficios de manera desproporcionada.

La "automatización pura" a la que se refiere Acemoglu es aquella que se implementa con el único fin de reducir costos laborales, reemplazando trabajadores sin considerar el potencial de reconfigurar o enriquecer sus roles. Esta mentalidad lleva a un escenario donde las máquinas realizan tareas que antes hacían los humanos, sin que se generen nuevas funciones para los trabajadores desplazados, o estas nuevas funciones son de menor calidad y peor remuneración. La consecuencia directa es una creciente desigualdad, una polarización del mercado laboral y un estancamiento en los salarios de la mayoría. A mi juicio, este enfoque miope ignora el valor intrínseco del capital humano y subestima el impacto negativo de una fuerza laboral desmoralizada y sin oportunidades.

El desafío, por tanto, no radica en detener la tecnología, sino en guiar su desarrollo y aplicación hacia fines que sirvan al bien común, no solo a los intereses de unos pocos. La elección entre una IA que destruye empleos y una IA que los potencia no es una cuestión técnica, sino una decisión política, económica y ética. Las empresas, los gobiernos y los desarrolladores tienen la responsabilidad de tomar decisiones conscientes que moldeen la trayectoria de la IA en la dirección más beneficiosa para la sociedad.

Los riesgos de una trayectoria de IA centrada únicamente en la eficiencia

Impacto en la desigualdad y el mercado laboral

Si continuamos por un camino de desarrollo de IA que prioriza la automatización pura y la eficiencia de costes por encima de la complementariedad humana, las implicaciones para la desigualdad y el mercado laboral podrían ser profundas y perjudiciales. La investigación de Acemoglu y Restrepo ("Artificial Intelligence and the Future of Work: Big Questions") sugiere que la automatización ha contribuido significativamente a la disminución de la participación laboral y al estancamiento de los salarios para muchos trabajadores, especialmente aquellos con menor cualificación. Una IA diseñada para reemplazar a los trabajadores en lugar de complementarlos solo exacerbará estas tendencias.

El escenario de una automatización sin control podría conducir a una polarización aún mayor del mercado laboral. Por un lado, tendríamos un pequeño grupo de trabajadores altamente cualificados, diseñadores y gestores de IA, que verían sus salarios y oportunidades crecer exponencialmente. Por otro lado, la vasta mayoría de la fuerza laboral se enfrentaría a la obsolescencia de sus habilidades, a una competencia feroz por empleos de baja cualificación (que la IA aún no ha podido automatizar de manera rentable) y, en última instancia, a salarios decrecientes y una mayor precariedad. Este modelo no solo es insostenible desde el punto de vista económico, sino que también socava el tejido social al generar resentimiento y desesperanza.

Además, esta dinámica puede tener un efecto dominó en el consumo y la inversión. Si una parte significativa de la población ve disminuido su poder adquisitivo, la demanda agregada se reducirá, lo que a su vez afectará la rentabilidad de las empresas y desincentivará nuevas inversiones. Lejos de ser un motor de crecimiento sostenible, una IA puramente automatizadora podría convertirse en un freno para la prosperidad general.

La necesidad de un diseño tecnológico consciente

El camino que toma la IA no es predeterminado; es el resultado de decisiones de diseño e inversión. La mayoría de la inversión en IA hoy en día se dirige hacia la automatización. Esto se debe a que, a corto plazo, la automatización suele ofrecer retornos de inversión más claros y medibles en términos de reducción de costes. Sin embargo, Acemoglu argumenta que este enfoque es miope. Un diseño tecnológico consciente implicaría un cambio de paradigma, donde los ingenieros, los empresarios y los inversores se preguntarían no solo "¿cómo puede la IA hacer esto de manera más barata?", sino también "¿cómo puede la IA hacer que los humanos hagan esto mejor?".

Esto implica invertir en investigación y desarrollo de IA orientada a la "asistencia" y la "aumentación" en lugar de la "sustitución". Requiere un enfoque interdisciplinar que integre conocimientos de economía, sociología, psicología y ética en el proceso de diseño. Las herramientas de IA deberían ser intuitivas, adaptativas y diseñadas para colaborar con el usuario humano, no para superarlo o dejarlo obsoleto. Pienso que es aquí donde reside la verdadera innovación y el potencial inexplorado de la inteligencia artificial. No solo estamos hablando de algoritmos, sino de la arquitectura socio-técnica que define nuestro futuro.

La adopción de esta mentalidad de diseño consciente podría manifestarse en diversas áreas: desde interfaces de usuario más centradas en el ser humano en el software empresarial, hasta robots colaborativos (cobots) en fábricas que trabajan mano a mano con operarios, o sistemas de IA en educación que personalizan el aprendizaje para cada estudiante en lugar de simplemente reemplazar a los profesores. El potencial de una IA bien diseñada para elevar la condición humana es inmenso, pero requiere una intención deliberada y un cambio en los incentivos que guían su desarrollo.

Construyendo el futuro: Estrategias para una IA que empodere al trabajador

Inversión en capital humano y redefinición de roles

Para transitar hacia una IA pro-trabajador, la inversión en capital humano se vuelve tan crítica como la inversión en la tecnología misma. Esto significa ir más allá de la mera "capacitación" para tareas específicas y abrazar un enfoque holístico de "redefinición de roles" y "desarrollo de habilidades". Las empresas, con el apoyo de políticas públicas, deben invertir en programas de formación continua que no solo enseñen a los trabajadores a usar nuevas herramientas de IA, sino que también los preparen para roles emergentes que requieran habilidades cognitivas avanzadas, habilidades sociales y emocionales, y la capacidad de interactuar eficazmente con sistemas inteligentes.

Consideremos, por ejemplo, el sector manufacturero. En lugar de automatizar completamente una línea de montaje, una IA pro-trabajador podría introducir cobots que asistan a los operarios en tareas pesadas o repetitivas, liberándolos para supervisar la calidad, programar las máquinas, o realizar tareas de mantenimiento predictivo. Esto requeriría que los operarios adquieran nuevas habilidades en programación básica, resolución de problemas con sistemas complejos y análisis de datos. La empresa debe facilitar esta transición con formación en el puesto de trabajo, certificaciones y programas de mentoría. En última instancia, esto no solo mejora la satisfacción laboral y el desarrollo profesional del empleado, sino que también aumenta la resiliencia y la adaptabilidad de la empresa frente a cambios futuros.

Esta redefinición de roles también implica un replanteamiento de la organización del trabajo. Los empleos del futuro serán cada vez más híbridos, combinando la interacción humana con la asistencia de la IA. Las empresas que fomenten una cultura de aprendizaje continuo y experimentación serán las que mejor se adapten y prosperen en esta nueva era.

El rol de las políticas públicas y la colaboración empresarial

La visión de Acemoglu no puede materializarse únicamente a través de la iniciativa privada. Requiere un marco de políticas públicas robusto y una colaboración estratégica entre el gobierno, la industria, la academia y la sociedad civil. Los gobiernos tienen un papel crucial en la creación de incentivos que fomenten el desarrollo y la adopción de IA pro-trabajador, en lugar de recompensar la automatización pura.

Esto podría incluir subvenciones para empresas que inviertan en formación de empleados y en tecnologías de IA que aumenten la productividad humana. También podría implicar la reforma de los sistemas educativos para que preparen a las futuras generaciones con las habilidades necesarias para una economía impulsada por la IA, como el pensamiento crítico, la resolución de problemas complejos, la alfabetización digital y las habilidades interpersonales. Adicionalmente, se podrían implementar políticas fiscales que graven menos la mano de obra y más el capital automatizado que desplaza trabajadores, nivelando así el campo de juego y desincentivando la sustitución humana por máquina sin valor añadido.

La colaboración empresarial es igualmente vital. Las industrias deben unirse para compartir mejores prácticas, desarrollar estándares éticos para la IA y coinvertir en plataformas de formación y desarrollo de talento. Iniciativas como la desarrollada por el Foro Económico Mundial sobre el Futuro del Trabajo son ejemplos de cómo múltiples actores pueden converger para abordar estos desafíos de manera constructiva. Solo a través de un esfuerzo concertado podremos asegurar que la revolución de la IA beneficie a la mayoría y no solo a una élite tecnológica.

La educación como pilar fundamental en la era de la IA

Adaptando los sistemas educativos a las nuevas realidades

Los sistemas educativos actuales, muchos de ellos aún anclados en paradigmas del siglo pasado, están mal equipados para preparar a los ciudadanos para el mundo del trabajo transformado por la IA. La insistencia en la memorización de datos y la repetición de tareas estandarizadas es cada vez más irrelevante en un mundo donde la IA puede procesar y recuperar información con una eficiencia inigualable. La clave para la educación en la era de la IA no es competir con las máquinas en lo que mejor hacen, sino complementar sus capacidades y desarrollar las habilidades distintivamente humanas que son difíciles de automatizar.

Esto implica una reorientación radical de los currículos, desde la educación primaria hasta la superior. Se debe priorizar el desarrollo de la creatividad, el pensamiento crítico, la resolución de problemas complejos, la inteligencia emocional, la colaboración y la adaptabilidad. Las asignaturas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) deben ser enseñadas no solo como disciplinas técnicas, sino también en su contexto ético y social, preparando a los estudiantes para ser diseñadores responsables de la tecnología, no solo usuarios pasivos. Además, las humanidades y las artes adquieren una nueva relevancia, ya que fomentan la empatía, el pensamiento divergente y la comprensión de la condición humana, habilidades esenciales para liderar en un mundo mediado por la IA.

A mi parecer, el énfasis en el "aprender a aprender" es más crucial que nunca. Los trabajos del futuro no requerirán un conjunto fijo de habilidades, sino la capacidad de adquirir nuevas competencias de forma continua a lo largo de la vida. Las instituciones educativas deben convertirse en centros de aprendizaje permanente, flexibles y accesibles.

El aprendizaje continuo como imperativo

Más allá de la educación formal, el concepto de aprendizaje continuo se convierte en un imperativo para toda la fuerza laboral. No se trata de un lujo, sino de una necesidad para mantenerse relevante en un mercado laboral en constante evolución. Los gobiernos y las empresas tienen la responsabilidad compartida de facilitar este aprendizaje. Esto puede materializarse a través de microcredenciales, plataformas de aprendizaje en línea (Coursera, edX, etc.), bootcamps de habilidades intensivas y programas de formación subvencionados.

Los trabajadores, por su parte, deben adoptar una mentalidad de crecimiento, entendiendo que su desarrollo profesional no termina con un título universitario. La proactividad en la búsqueda de nuevas habilidades y conocimientos será un diferenciador clave. Las empresas que inviertan en la reconversión y mejora de las habilidades de sus empleados no solo retendrán talento valioso, sino que también construirán una fuerza laboral más ágil y preparada para el futuro. Un buen ejemplo es la iniciativa de grandes corporaciones que ofrecen a sus empleados cursos para aprender sobre nuevas tecnologías, no solo para mejorar su desempeño actual, sino para prepararlos para roles que aún no existen.

En el fondo, la educación y el aprendizaje continuo son las herramientas más poderosas que tenemos para asegurarnos de que la IA se convierta en una fuerza para el progreso humano inclusivo. Sin una inversión masiva en estas áreas, el riesgo de que la tecnología amplifique las desigualdades existentes es muy real.

Hacia una prosperidad inclusiva: Beneficios a largo plazo de la IA pro-trabajador

Crecimiento económico sostenible y reducción de la brecha social

Adoptar la visión de la IA pro-trabajador no es solo una cuestión ética, sino también una estrategia económicamente superior a largo plazo. Un enfoque que empodera a los trabajadores a través de la IA conduce a un crecimiento económico más sostenible e inclusivo. Cuando los trabajadores son más productivos gracias a herramientas inteligentes, no solo aumenta la producción y la calidad de los bienes y servicios, sino que también pueden negociar salarios más altos, lo que a su vez impulsa la demanda interna y fomenta un ciclo virtuoso de crecimiento.

Además, al reducir la brecha entre quienes poseen las habilidades tecnológicas y quienes no, la IA pro-trabajador contribuye a una distribución más equitativa de los beneficios de la innovación. Un mercado laboral menos polarizado y con más oportunidades de desarrollo profesional para todos reduce las tensiones sociales y políticas, creando un entorno más estable y propicio para la inversión y el progreso. Acemoglu y Restrepo argumentan que el progreso tecnológico solo es beneficioso si complementa a la mano de obra, aumentando su productividad, lo que se traduce en mayores salarios y un crecimiento más inclusivo.

Este modelo de crecimiento contrasta fuertemente con un escenario de automatización pura, donde los beneficios se concentran en una pequeña élite, mientras que la mayoría de la población lucha por la subsistencia. En ese escenario, la riqueza se desvincula cada vez más del trabajo, lo que lleva a un estancamiento económico y a la inestabilidad social. La IA pro-traba

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