José Ángel Cuadrado y el fin de los sustos en la TDT: una nueva era para la experiencia televisiva

¿Cuántas veces ha experimentado ese sobresalto molesto al cambiar de un programa tranquilo a una ráfaga publicitaria cuyo volumen parecía duplicarse de repente? Esa experiencia, tan común como frustrante, ha sido durante años uno de los puntos débiles más recurrentes y criticados de la televisión en abierto. Desde el clásico "baja el volumen que están los anuncios" hasta el reflejo automático de buscar el mando a distancia para atenuar la estridencia, la inconsistencia en el nivel de sonoridad entre los contenidos y la publicidad ha mermado significativamente la calidad de la experiencia televisiva para millones de espectadores. Sin embargo, gracias a la implementación de una nueva normativa, el panorama ha cambiado radicalmente, inaugurando una era de mayor confort auditivo y respeto hacia la audiencia.

José Ángel Cuadrado, un reconocido experto en tecnología y figura clave en el análisis de las tendencias del sector audiovisual, ha encapsulado a la perfección esta transformación con una declaración que resuena con alivio entre los consumidores: "Desde el 1 de enero, los anuncios de la TDT no podrán sonar más alto que el programa que estés viendo. Se acabaron los sustos". Esta afirmación no es solo una buena noticia, sino el reflejo de un avance normativo y técnico largamente esperado, que promete poner fin a una práctica que, aunque quizá concebida para captar la atención, terminaba generando más rechazo que interés en los mensajes publicitarios. Es una muestra clara de cómo la regulación, cuando se aplica con criterio y en beneficio del usuario, puede mejorar sustancialmente el día a día de las personas.

La problemática histórica de los anuncios ruidosos en la TDT

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La disparidad en el volumen entre programas y anuncios no es un fenómeno reciente ni exclusivo de España. Durante décadas, ha sido una queja global, un "ruido de fondo" constante en las conversaciones sobre la televisión. La razón detrás de esta práctica era multifacética, combinando aspectos técnicos con estrategias comerciales.

Una molestia persistente para el espectador

Para el televidente, la experiencia era clara: mientras disfrutaba de un diálogo susurrado en su serie favorita o de la delicada melodía de un concierto, la aparición súbita de un anuncio con un volumen notablemente superior rompía por completo la inmersión. Este cambio abrupto no solo resultaba incómodo, sino que podía generar fatiga auditiva, irritación e incluso un impacto psicológico negativo, interrumpiendo la relajación y el disfrute. El mando a distancia se convertía en una herramienta indispensable, no solo para cambiar de canal, sino para mitigar constantemente el efecto de estos "sustos sonoros". La confianza y la lealtad hacia las cadenas podían verse afectadas, ya que muchos percibían esta práctica como una falta de consideración hacia su audiencia. En mi opinión, era una de las mayores frustraciones a la hora de ver televisión, y un factor que impulsaba a muchos a buscar alternativas de consumo de contenido.

Factores técnicos y comerciales detrás del volumen elevado

Desde el punto de vista técnico, la percepción de sonoridad es compleja. Un mismo nivel de pico (el punto más alto de la señal) puede sonar más alto si la señal está comprimida o si sus rangos dinámicos son menores. Las cadenas de televisión y los anunciantes, en su afán por destacar y asegurarse de que sus mensajes no pasaran desapercibidos, recurrían a técnicas de procesamiento de audio que aumentaban la "sonoridad percibida" de los anuncios. Esto implicaba el uso intensivo de compresores y limitadores, que reducían la diferencia entre los sonidos más altos y los más bajos, haciendo que el audio sonara constantemente fuerte. Aunque los niveles de pico pudieran estar dentro de los límites legales establecidos en ciertos países, la sonoridad promedio, medida en unidades como LUFS (Loudness Units Full Scale), era significativamente mayor en la publicidad que en los programas, creando esa sensación de estruendo. Además, la ausencia de un estándar global unificado y rigurosamente aplicado durante mucho tiempo permitió que cada emisor interpretara las regulaciones a su manera o, simplemente, buscara la forma de maximizar la atención a través del volumen.

La nueva regulación: un hito para la audiencia

La llegada de esta normativa marca un antes y un después en la experiencia de consumo televisivo, situando a España en línea con otros países europeos que ya habían adoptado medidas similares. Es un paso adelante crucial hacia una televisión más amable y respetuosa con el espectador.

¿Qué dice exactamente la normativa?

La esencia de la nueva regulación, efectiva desde el 1 de enero, es clara: los anuncios emitidos en la TDT no pueden superar el nivel de sonoridad de los programas que los preceden o los siguen. Esto se consigue aplicando un estándar técnico muy específico, generalmente basado en la recomendación EBU R 128 de la Unión Europea de Radiodifusión, que establece los parámetros para la medición y control de la sonoridad. Este estándar, que se mide en LUFS (Loudness Units Full Scale), permite cuantificar la sonoridad percibida de manera más precisa que los antiguos métodos basados en picos, garantizando que el volumen medio de la publicidad se mantenga dentro de unos límites preestablecidos y armonizados con el contenido principal. En España, la autoridad reguladora, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), es la encargada de velar por su cumplimiento. Puede encontrar más detalles sobre las regulaciones de la CNMC en su sitio web oficial: CNMC - Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

El papel de expertos como José Ángel Cuadrado

José Ángel Cuadrado, con su profundo conocimiento del sector tecnológico y audiovisual, ha sido una voz importante en la divulgación y explicación de estas complejidades al público general. Su capacidad para traducir la jerga técnica en un lenguaje accesible ayuda a entender el alcance real de estas innovaciones. Expertos como él no solo informan sobre los cambios, sino que también contribuyen a la discusión y al impulso de estas normativas, al comprender tanto las implicaciones técnicas para los emisores como los beneficios para los consumidores. Su experiencia es fundamental para interpretar cómo estas regulaciones se integran en el ecosistema mediático actual, cada vez más digital y fragmentado. Su visión aporta credibilidad y comprensión a un tema que, de otra forma, podría parecer puramente técnico.

Implicaciones técnicas para las cadenas de televisión

Para las cadenas de televisión, la adaptación a esta normativa no es trivial. Implica una revisión y, en muchos casos, una actualización significativa de sus infraestructuras de audio. Los procesos de ingesta, emisión y control de calidad deben ser capaces de medir y ajustar la sonoridad de todo el contenido, incluidos los bloques publicitarios, conforme al estándar EBU R 128. Esto a menudo requiere la adquisición de nuevos equipos, como procesadores de audio con capacidades de normalización de sonoridad en tiempo real, así como la implementación de flujos de trabajo (workflows) específicos que aseguren el cumplimiento. Además, el personal técnico debe ser formado en el uso de estas herramientas y en la comprensión de los nuevos estándares. La inversión inicial puede ser considerable, pero es una inversión necesaria para garantizar la calidad del servicio y la satisfacción del espectador. A largo plazo, creo que este esfuerzo se traducirá en una mejor imagen de marca para las cadenas y una mayor retención de audiencia. Para entender mejor la recomendación EBU R 128, se puede consultar el informe técnico: EBU R 128 'Loudness Recommendation'.

Beneficios tangibles para el telespectador

La consecuencia más directa y bienvenida de esta regulación es una mejora sustancial en la experiencia del usuario, eliminando una de las mayores fuentes de fricción en el consumo de televisión.

Adiós a la fatiga auditiva y los sobresaltos

El beneficio más inmediato es el fin de los sobresaltos y la fatiga auditiva. Los espectadores ya no tendrán que estar pendientes del mando a distancia para ajustar el volumen durante las pausas publicitarias. Esto permite una experiencia de visualización más continua, relajada y placentera. La tensión de anticipar el "golpe de sonido" desaparece, lo que contribuye a un ambiente más sereno en el hogar y a una mayor concentración en el contenido que se está disfrutando. Es una comodidad que, una vez experimentada, parece indispensable.

Una experiencia televisiva más inmersiva y agradable

Al mantener una sonoridad constante, la inmersión del espectador en el programa no se rompe bruscamente. Ya sea una película, una serie, un documental o un noticiero, la transición a la publicidad será más suave y menos intrusiva. Esto contribuye a una percepción de mayor profesionalidad por parte de los operadores y, en última instancia, a una experiencia televisiva más agradable en su conjunto. La televisión recupera parte de su capacidad de capturar la atención sin recurrir a técnicas agresivas.

Impacto en la percepción de la publicidad

Aunque pueda parecer contradictorio, una publicidad menos intrusiva en términos de volumen podría, a la larga, ser más efectiva. Cuando un anuncio no genera irritación instantánea, el espectador es más propenso a prestarle atención, o al menos a no desarrollar una actitud de rechazo automático. La regulación invita a los anunciantes a centrarse en la creatividad y el mensaje de su campaña, en lugar de depender del volumen para destacar. Esto podría fomentar un ecosistema publicitario más innovador y, en última instancia, más respetuoso. La industria de la publicidad se adapta y evoluciona, y este cambio es un buen ejemplo. Para saber más sobre tendencias en publicidad, un buen recurso es el MarketingDirecto.com.

Desafíos y consideraciones futuras

Si bien la nueva normativa representa un avance significativo, su éxito a largo plazo dependerá de varios factores, incluida la vigilancia constante y la capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías y formatos de consumo.

La vigilancia y el cumplimiento de la normativa

La implementación de la normativa es solo el primer paso; el siguiente y crucial es asegurar su cumplimiento efectivo. La CNMC y otras autoridades reguladoras jugarán un papel vital en la monitorización de las emisiones para detectar y sancionar cualquier infracción. Esto implicará sistemas de medición automatizados y procesos de queja para los usuarios. La transparencia y la agilidad en la gestión de reclamaciones serán clave para mantener la confianza del público. Un seguimiento riguroso evitará que las cadenas vuelvan a caer en viejas prácticas.

¿Afectará a los servicios de streaming o plataformas bajo demanda?

Esta regulación se aplica específicamente a la Televisión Digital Terrestre (TDT). Sin embargo, es previsible que el éxito de esta medida genere presión para que plataformas de streaming y servicios bajo demanda (VOD) adopten estándares similares, si es que no los tienen ya. Muchas de estas plataformas, especialmente las de pago sin publicidad o con publicidad integrada de forma nativa, ya suelen mantener una consistencia en el volumen de sus contenidos. No obstante, las plataformas con bloques publicitarios al estilo de la televisión tradicional podrían verse obligadas a revisar sus políticas para satisfacer las expectativas de un público acostumbrado a una sonoridad uniforme. La evolución de la regulación a menudo sigue la demanda del consumidor. Puedes explorar la evolución de los servicios de streaming en plataformas como Wikipedia sobre streaming.

La evolución del estándar de sonoridad

Los estándares técnicos como EBU R 128 no son estáticos; evolucionan con la tecnología y la comprensión de la percepción auditiva humana. Es posible que en el futuro se refinen aún más las metodologías de medición o se consideren nuevos parámetros para optimizar la experiencia sonora. La industria audiovisual, desde los creadores de contenido hasta los ingenieros de sonido y los reguladores, deberá mantenerse al día con estas evoluciones para garantizar que la calidad del audio siga siendo una prioridad. La estandarización es un proceso continuo. Un referente global para estándares técnicos es la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU).

Reflexiones sobre la calidad de la experiencia mediática

El control del volumen publicitario es un claro ejemplo de cómo la atención al detalle y el enfoque en el bienestar del consumidor pueden elevar la calidad general de la experiencia mediática.

Más allá del volumen: otros factores de calidad

Si bien el volumen es crucial, no es el único factor que determina la calidad de la experiencia televisiva. La calidad de imagen (resolución, color), la relevancia del contenido, la facilidad de uso de las interfaces, la accesibilidad para personas con diversas capacidades, y la innovación en formatos de narración son igualmente importantes. La industria debe seguir trabajando en todos estos frentes para ofrecer un producto integralmente superior. Esta mejora en el audio es un excelente punto de partida para exigir más en otros aspectos.

El consumidor en el centro de la legislación

Esta regulación subraya la creciente tendencia de poner al consumidor en el centro de las decisiones legislativas y empresariales. Las voces de los ciudadanos, expresadas a través de quejas, encuestas y la opinión pública, tienen un peso real y pueden impulsar cambios significativos. Es un recordatorio de que las empresas y los reguladores tienen una responsabilidad para con la audiencia, garantizando no solo la libertad de emisión, sino también la calidad y el respeto en el servicio prestado. En mi opinión, este es el camino correcto: una regulación que escucha y responde a las necesidades del ciudadano es una regulación efectiva y sostenible.

En definitiva, la declaración de José Ángel Cuadrado no es solo una anécdota, sino el resumen de un logro significativo. Se acabó la era de los anuncios que "saltaban" por encima del programa, una práctica que comprometía la experiencia y la comodidad del espectador. La televisión, al menos en la TDT, ha dado un paso importante hacia un futuro más armonioso y respetuoso, donde el control del volumen ya no será una batalla constante para el telespectador. Es un triunfo para la audiencia y un recordatorio de que la evolución tecnológica y regulatoria, cuando se dirige correctamente, siempre puede y debe mejorar nuestras vidas.

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