España bate todos los récords de bajas laborales y no es por pereza: estos son los problemas por los que duplicamos la media de la UE

La estadística es, cuanto menos, alarmante. España ha alcanzado cifras históricas en el número de bajas laborales, superando con creces la media europea hasta duplicarla en algunos periodos. Esta realidad, lejos de ser un mero dato, ha encendido todas las alarmas en el ámbito económico y social, y, como es habitual, ha provocado un debate polarizado. Por un lado, quienes señalan un supuesto abuso o "picaresca"; por otro, quienes defienden que estas cifras son el reflejo de problemas estructurales profundos en nuestro mercado laboral y sistema de salud. Permítanme adelantar mi postura: la explicación fácil de la "pereza" no solo es simplista e injusta, sino que nos impide abordar los verdaderos desafíos que subyacen a este fenómeno. Estamos ante un síntoma de una enfermedad más compleja, que exige un diagnóstico preciso y soluciones articuladas, no meras condenas morales.

Contexto: una realidad incómoda para el mercado laboral español

España bate todos los récords de bajas laborales y no es por pereza: estos son los problemas por los que duplicamos la media de la UE

Los números no mienten, aunque su interpretación sí sea susceptible de sesgos. Los últimos informes de la Seguridad Social y de distintas mutuas colaboradoras con la Seguridad Social revelan un incremento sostenido de las incapacidades temporales (IT), tanto en número de procesos como en la duración media de los mismos. Las bajas de larga duración, en particular, han experimentado un repunte significativo, lo que añade una capa extra de complejidad al análisis. Esto no es un fenómeno coyuntural, sino una tendencia que se ha consolidado en los últimos años, con un punto de inflexión notorio tras la pandemia de COVID-19. La pregunta clave no es si estamos de baja, sino por qué lo estamos y por qué en España los motivos parecen ser más acuciantes que en nuestros países vecinos de la Unión Europea.

El impacto económico de esta situación es innegable. Para el sistema de la Seguridad Social, el coste de las prestaciones por incapacidad temporal representa una partida millonaria que crece año tras año, ejerciendo una presión adicional sobre la sostenibilidad de las arcas públicas. Para las empresas, la gestión de las bajas supone no solo un coste directo (mantenimiento de salarios, cotizaciones, búsqueda y formación de sustitutos), sino también un coste indirecto considerable en términos de productividad, planificación y, en ocasiones, en la calidad del servicio o producto. Pero, más allá de los números fríos, está el factor humano: ¿qué nos está diciendo esta escalada de bajas sobre el bienestar de nuestra fuerza laboral?

Más allá de la superficie: los verdaderos motores del aumento de bajas

Descartar la pereza como causa principal no es un acto de buenismo, sino una conclusión basada en la observación de múltiples factores interconectados. Reducir un problema tan complejo a una cuestión moral individual no solo es irresponsable, sino que nos desvía de las auténticas palancas de cambio. A continuación, desgranaremos algunos de los problemas estructurales que, a mi juicio, son los verdaderos responsables de esta situación.

Precariedad y estrés laboral: la doble carga

El mercado laboral español ha estado históricamente marcado por una alta temporalidad y una presión considerable sobre los salarios, especialmente en comparación con el coste de vida. Aunque la reforma laboral de 2022 ha buscado revertir la temporalidad, persisten condiciones de trabajo que pueden generar un estrés crónico. Horas extras no remuneradas, jornadas laborales excesivas, ritmos de trabajo intensos y la constante presión por la productividad pueden pasar factura a la salud física y mental de los trabajadores. La sensación de precariedad, la dificultad para conciliar la vida laboral y familiar, y la falta de reconocimiento son caldo de cultivo para el agotamiento físico y, sobre todo, mental. El cuerpo y la mente, cuando se ven sometidos a una tensión constante sin periodos adecuados de recuperación, acaban cediendo. Para muchos, una baja laboral es la única válvula de escape ante una situación insostenible.

No es casualidad que las bajas se concentren en sectores con mayor exposición a riesgos psicosociales o físicos. Este es un punto que a menudo se ignora en el debate público. ¿Es "pereza" que un trabajador de la construcción sufra una dolencia musculoesquelética o que un sanitario se vea afectado por el agotamiento emocional? Evidentemente, no.

Para entender mejor las condiciones laborales en España, es útil consultar datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre condiciones de trabajo, que suelen reflejar estas tensiones.

La salud mental en el punto de mira

Si hay un factor que ha emergido con fuerza en la explicación del aumento de las bajas laborales, ese es la salud mental. Trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático y el temido síndrome de burnout (agotamiento laboral) se han convertido en motivos cada vez más frecuentes para solicitar una incapacidad temporal. La pandemia de COVID-19 actuó como un catalizador, exponiendo las deficiencias de nuestro sistema de apoyo en salud mental y la fragilidad emocional de una parte significativa de la población. La estigmatización de los problemas de salud mental, si bien ha disminuido ligeramente, todavía persiste, lo que dificulta que las personas busquen ayuda a tiempo o que las empresas implementen políticas de apoyo adecuadas.

El problema se agrava por la escasez de recursos en el sistema público de salud. Las listas de espera para ver a un psicólogo o psiquiatra son largas, y la atención primaria, que debería ser la primera barrera y el punto de derivación, se encuentra saturada. Esta falta de acceso rápido a un diagnóstico y tratamiento adecuados prolonga inevitablemente las bajas laborales. En mi opinión, este es uno de los frentes más urgentes a abordar; invertir en salud mental no es un gasto, sino una inversión social y económica a largo plazo. Es fundamental que las empresas también asuman su rol, creando entornos que promuevan el bienestar psicológico y no lo socaven.

Datos y estudios sobre la prevalencia de problemas de salud mental en España son recopilados por el Ministerio de Sanidad, que confirman esta tendencia preocupante.

Envejecimiento de la población y condiciones de trabajo

España, como gran parte de Europa, enfrenta un proceso de envejecimiento demográfico. Esto significa que la edad media de la fuerza laboral es cada vez mayor. A medida que los trabajadores envejecen, son naturalmente más propensos a desarrollar enfermedades crónicas, dolencias musculoesqueléticas y otras patologías que requieren periodos de recuperación más largos. Si a esto le sumamos que muchas empresas no adaptan adecuadamente los puestos de trabajo a las necesidades de los empleados de mayor edad, el resultado es un aumento en la probabilidad de bajas laborales. La ergonomía, la flexibilidad horaria y las adaptaciones en el puesto de trabajo son cruciales para mantener a los trabajadores sénior activos y saludables. Ignorar esta realidad es un error que el sistema no puede permitirse.

El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) ofrece estadísticas sobre el mercado de trabajo que permiten observar la evolución demográfica de la fuerza laboral.

El sistema de salud: saturación y demoras

La saturación de la atención primaria es otro factor que influye directamente en la duración y el número de bajas laborales. Conseguir una cita con el médico de cabecera puede ser una odisea, y las listas de espera para especialistas o pruebas diagnósticas pueden extenderse durante meses. Esta lentitud en el acceso a un diagnóstico preciso y a un tratamiento adecuado no solo genera frustración en el paciente, sino que prolonga innecesariamente la incapacidad temporal. Una persona no puede reincorporarse a su puesto de trabajo si no tiene un diagnóstico claro o si está esperando una intervención quirúrgica o un tratamiento especializado. La falta de inversión crónica en el sistema de salud público, y en particular en la atención primaria, está teniendo un coste muy alto en términos de bajas laborales y bienestar social.

Me atrevo a decir que la calidad y la accesibilidad de nuestro sistema de salud son determinantes para la gestión de las bajas. Un sistema robusto y ágil no solo curaría más rápido, sino que también permitiría una reintegración laboral más eficiente. Reportes sobre la situación de la Atención Primaria a menudo detallan estos desafíos.

Un sistema de gestión de bajas a debate

Aunque no es el factor principal, la complejidad y, en ocasiones, la laxitud del sistema de gestión de bajas también pueden influir. La coordinación entre los médicos de atención primaria, los servicios de inspección, las mutuas colaboradoras y el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) no siempre es fluida ni eficiente. Esto puede generar situaciones en las que las bajas se prolongan más de lo necesario por cuestiones burocráticas o por una falta de seguimiento activo. Es cierto que el sistema se ha flexibilizado, por ejemplo, eliminando la obligación de presentar el parte de confirmación de baja en la empresa, lo cual es un alivio burocrático, pero también requiere una mayor corresponsabilidad por parte de todos los actores. El debate sobre si el sistema es demasiado garantista y, por tanto, propenso a un cierto nivel de abuso, aunque minoritario, persiste y debe ser abordado con datos y no con prejuicios.

El impacto de la pandemia y el "gran reajuste"

La pandemia de COVID-19 no solo generó nuevas bajas por la propia enfermedad (incluyendo el "COVID persistente"), sino que también transformó la percepción del trabajo y la salud. Muchas personas reevaluaron sus prioridades, dando mayor importancia al bienestar y a la calidad de vida. Esto, sumado a un aumento de la concienciación sobre la salud mental, ha derivado en una menor tolerancia a las condiciones laborales abusivas o estresantes. Lo que antes quizás se "aguantaba", ahora se afronta con una mayor determinación de priorizar la salud. Este "gran reajuste" o "gran renuncia", aunque menos pronunciado en España que en otros países, sí ha impactado en cómo los trabajadores gestionan su salud y su relación con el empleo.

Consecuencias a todos los niveles

El aumento descontrolado de las bajas laborales no es un problema aislado; sus ramificaciones alcanzan a todos los estamentos de la sociedad.

Para las empresas: productividad y costes

Ya lo hemos mencionado, pero es importante recalcar el impacto en el tejido productivo. La ausencia de un trabajador implica no solo la posible pérdida de productividad de ese individuo, sino también una sobrecarga para el resto del equipo, la necesidad de reorganizar tareas, invertir en formación de sustitutos o, en el peor de los casos, la interrupción de proyectos. Todo ello se traduce en una reducción de la eficiencia y un aumento de los costes operativos.

Para los trabajadores: bienestar y derechos

Aunque una baja laboral protege al trabajador y le permite recuperarse, la recurrencia o la larga duración pueden tener efectos negativos. El estrés por la posible pérdida de empleo (incluso si está protegido legalmente, el miedo es real), la incertidumbre económica y el aislamiento social pueden agravar la situación de salud. Además, la sobrecarga de trabajo que recae sobre los compañeros puede generar un ambiente laboral tenso y menos colaborativo. La salud, en definitiva, es un derecho fundamental que el entorno laboral debe proteger.

Para el sistema público: sostenibilidad y equidad

La Seguridad Social soporta una carga creciente. La equidad también se ve afectada cuando los recursos, que deberían distribuirse de forma óptima para todos los ciudadanos, se ven tensionados por una demanda creciente de prestaciones por IT, desviando fondos que podrían destinarse a otras áreas de mejora sanitaria o social.

¿Qué soluciones estamos planteando? Un camino complejo pero necesario

Abordar el problema de las bajas laborales exige una estrategia multifactorial y la implicación de todos los actores: gobierno, empresas, sindicatos y los propios trabajadores. No hay soluciones mágicas, pero sí líneas de acción claras:

  • Inversión en salud pública y mental: Reforzar la atención primaria, reducir las listas de espera, aumentar el número de profesionales de salud mental y desestigmatizar su uso son pasos fundamentales.
  • Prevención en el ámbito laboral: Las empresas deben invertir en prevención de riesgos laborales, incluyendo no solo los físicos, sino también los psicosociales. Esto implica ergonomía adecuada, fomento de entornos de trabajo saludables, gestión del estrés, políticas de conciliación y programas de bienestar para los empleados. La formación a directivos y mandos intermedios para identificar y manejar el estrés y el burnout es vital.
  • Revisión y agilización del sistema de gestión de bajas: Es necesario simplificar los trámites, mejorar la coordinación entre los distintos organismos implicados (médicos, mutuas, INSS) y establecer protocolos más eficientes para el seguimiento y la pronta reincorporación de los trabajadores cuando sea posible. Esto no implica ser menos garantista, sino más eficiente y proactivo en la recuperación.
  • Fomento de la cultura del bienestar: Promover un cambio cultural que valore el descanso, la desconexión digital y el equilibrio entre vida laboral y personal. Las empresas que priorizan el bienestar de sus empleados no solo reducen las bajas, sino que también mejoran la productividad y la lealtad.
  • Adaptación a una fuerza laboral envejecida: Diseñar puestos de trabajo y condiciones que permitan a los trabajadores de mayor edad mantenerse activos y saludables, adaptando tareas y horarios.

En mi opinión, el diálogo social es crucial aquí. Gobiernos, empresarios y representantes de los trabajadores deben sentarse a la mesa para diseñar estrategias integrales que aborden estas causas profundas, alejándose de los discursos polarizados que solo contribuyen a mantener el problema. Se necesita una visión a largo plazo y la valentía para implementar cambios estructurales.

Conclusión: rompiendo mitos y construyendo un futuro laboral más sano

La alta tasa de bajas laborales en España no es, en su inmensa mayoría, un problema de pereza o de falta de compromiso de los trabajadores. Es un reflejo crudo y doloroso de las carencias en nuestro sistema de salud, de la persistencia de condiciones laborales que generan agotamiento físico y mental, y de la necesidad urgente de adaptar nuestras estructuras a una sociedad cambiante. Es un espejo que nos devuelve la imagen de una sociedad que, quizás, ha priorizado la productividad por encima del bienestar.

Romper el mito de la "picaresca generalizada" es el primer paso para poder abordar este desafío de manera constructiva. Solo cuando aceptemos que estamos ante un problema sistémico podremos empezar a diseñar soluciones efectivas que beneficien a todos: a los trabajadores, que merecen un entorno laboral sano; a las empresas, que necesitan estabilidad y productividad; y al sistema público, que busca sostenibilidad y equidad. El camino es complejo, pero la recompensa, una sociedad más sana y un mercado laboral más justo, bien merece el esfuerzo.

Para una perspectiva más amplia sobre seguridad y salud en el trabajo en la UE, se puede consultar la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA).

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