El declive de la ofensiva con drones "kamikaze" rusos y la estrategia ucraniana de desgaste

La guerra en Ucrania, desde sus inicios, ha redefinido el campo de batalla moderno, y pocos elementos lo han ilustrado tan vívidamente como el uso de vehículos aéreos no tripulados (VANT), comúnmente conocidos como drones. Durante meses, los drones "kamikaze" rusos, en particular los Shahed-136 de fabricación iraní y las variantes Lancet de producción propia, sembraron el terror y la destrucción, golpeando infraestructura crítica, ciudades y unidades militares ucranianas. Su relativa bajo coste y su capacidad para saturar las defensas aéreas representaron un desafío formidable. Sin embargo, en un giro que subraya la naturaleza dinámica y adaptativa del conflicto, parece que la capacidad de Rusia para lanzar estas ofensivas con la misma intensidad ha disminuido notablemente. Ucrania, lejos de ser un mero receptor de estos ataques, ha aprovechado esta debilidad emergente para llevar a cabo una estrategia de "mutilación" metódica y eficaz, desmantelando no solo la capacidad operativa de estos drones, sino también la infraestructura que los sustenta. Este cambio no es una casualidad, sino el resultado de una compleja interacción de factores, desde las sanciones internacionales y la adaptación tecnológica hasta la resiliencia y la inventiva ucranianas.

El cambio en la dinámica de la guerra de drones

El declive de la ofensiva con drones

Al principio de la invasión a gran escala, la irrupción de los drones "kamikaze" en el arsenal ruso generó una preocupación considerable. Los Shahed-136, rebautizados por Rusia como Geran-2, se lanzaban en oleadas, abrumando las defensas aéreas con su gran número y su vuelo a baja altitud. Su impacto no era solo físico, al destruir objetivos energéticos o militares, sino también psicológico, al recordar constantemente a la población ucraniana la amenaza aérea. Junto a ellos, los drones Lancet demostraron ser particularmente letales contra vehículos blindados y artillería, operando como municiones merodeadoras que identificaban y atacaban blancos de alto valor. La narrativa inicial sugería una ventaja asimétrica para Rusia, que parecía disponer de un suministro ilimitado de estas armas relativamente baratas, mientras que Ucrania gastaba misiles de defensa aérea mucho más costosos para interceptarlos.

Sin embargo, esta situación ha experimentado un cambio perceptible. Los informes de inteligencia de varias fuentes, junto con las declaraciones del gobierno ucraniano, apuntan a una reducción significativa en la frecuencia y la escala de los ataques con drones "kamikaze" rusos. Mientras que antes se podían documentar docenas de lanzamientos en una sola noche, ahora las cifras son más esporádicas y, a menudo, dirigidas a objetivos menos ambiciosos o en regiones más cercanas a las líneas del frente. Esto sugiere que Rusia se enfrenta a limitaciones en su capacidad para mantener el ritmo de producción o adquisición necesario para sostener una ofensiva de saturación continua. La percepción de una "reserva infinita" de drones parece haberse topado con la dura realidad de la producción industrial, la logística y, fundamentalmente, las contramedidas. Desde mi perspectiva, esta evolución es un testimonio elocuente de cómo la adaptabilidad y la persistencia pueden mitigar incluso las amenazas más apremiantes en un conflicto moderno.

Factores detrás de la reducción de la capacidad rusa

La disminución en la capacidad ofensiva con drones por parte de Rusia no es producto de una única causa, sino de una confluencia de factores interconectados que han erosionado su capacidad de acción.

Sanciones y escasez de componentes

Uno de los principales talones de Aquiles de la industria rusa de drones, y de su sector de defensa en general, es su profunda dependencia de la tecnología y los componentes extranjeros. A pesar de los esfuerzos por la autosuficiencia, microchips, sistemas de navegación GPS, motores especializados y otros elementos críticos para la fabricación de drones avanzados provienen predominantemente de países occidentales o de naciones aliadas con Occidente. Las sanciones internacionales impuestas a Rusia tras la invasión a gran escala han dificultado enormemente el acceso a estos componentes vitales. Aunque Rusia ha intentado establecer rutas de contrabando o adquirir tecnología a través de terceros países, la escala y la complejidad de estas cadenas de suministro hacen que la reposición constante sea un desafío monumental. La calidad y la fiabilidad de los drones también pueden verse comprometidas al utilizar componentes de menor calidad o sustitutos improvisados. Esta presión sostenida sobre la cadena de suministro ha ralentizado la producción y ha forzado a Rusia a racionar el uso de sus drones más sofisticados o a depender de diseños más simples y, a menudo, menos eficaces. Un análisis más profundo sobre el impacto de las sanciones se puede encontrar en este artículo de la Council on Foreign Relations, que explora las implicaciones para el programa de drones iraní, del cual Rusia se ha abastecido.

La efectividad creciente de las defensas aéreas ucranianas

Desde el inicio de la invasión, Ucrania ha trabajado incansablemente para fortalecer sus defensas aéreas. Inicialmente, dependían en gran medida de sistemas de la era soviética, pero con el apoyo de sus aliados occidentales, han recibido sistemas de defensa aérea de vanguardia como NASAMS, IRIS-T SLM, Patriot y los cañones antiaéreos Gepard. Estos sistemas, combinados con una red cada vez más sofisticada de radar y detección, han aumentado significativamente la tasa de intercepción de drones. No solo los sistemas de alta tecnología, sino también tácticas de "bajo coste" han demostrado ser cruciales: equipos móviles con ametralladoras pesadas, proyectores y sistemas de guerra electrónica (EW) han sido desplegados para derribar drones Shahed a baja altitud, demostrando ser una solución más rentable que el uso de misiles avanzados. La doctrina de defensa aérea ucraniana ha evolucionado, adaptándose constantemente a las tácticas rusas. Esta capacidad de adaptación se ha vuelto vital. Más detalles sobre la modernización de la defensa aérea ucraniana y su impacto se pueden consultar en este informe de IISS The Military Balance.

Agotamiento de existencias y logística

Aunque los drones "kamikaze" se consideran de bajo coste unitario en comparación con misiles de crucero, su producción en masa y su mantenimiento logístico representan un desafío considerable. Rusia ha gastado una cantidad ingente de estos vehículos desde el inicio del conflicto. A pesar de los rumores de la construcción de una fábrica de Shahed en territorio ruso, la puesta en marcha de una línea de producción a gran escala, con los estándares de calidad y las salvaguardias necesarias, lleva tiempo y recursos. Además, la cadena logística para transportar estos drones desde las fábricas hasta los puntos de lanzamiento, a menudo distantes, es vulnerable. Los depósitos de almacenamiento y los centros de montaje también pueden ser objetivos. El simple hecho de consumir existencias a un ritmo superior al de la reposición, sumado a las dificultades de fabricación y transporte, naturalmente lleva a una disminución en la disponibilidad operativa.

La estrategia ucraniana: "Mutilar" al adversario

Frente a la amenaza persistente de los drones rusos, Ucrania no se ha limitado a la defensa pasiva. En cambio, ha implementado una estrategia proactiva y agresiva para "mutilar" la capacidad de su adversario, y esto se ha manifestado en varias vertientes.

La interrupción de cadenas de suministro y bases

Una de las tácticas más efectivas de Ucrania ha sido atacar directamente la infraestructura que permite a Rusia producir, almacenar y lanzar sus drones. Esto incluye bombardeos precisos contra bases aéreas, depósitos de drones, talleres de montaje y posiblemente incluso rutas de suministro clave. Al golpear estos puntos neurálgicos, Ucrania no solo destruye los drones antes de que puedan ser lanzados, sino que también interrumpe el flujo de componentes y el personal técnico necesario para su operación. Cada base aérea que alberga drones, cada almacén que los guarda, se convierte en un objetivo legítimo. Estos ataques no solo reducen la cantidad de drones disponibles, sino que también fuerzan a Rusia a dispersar sus activos, dificultando la logística y aumentando los costes operativos. Estos golpes son el equivalente a "cortar las manos" de la ofensiva con drones, impidiendo que el enemigo pueda operar con normalidad.

El "ojo por ojo" de los drones ucranianos

La guerra es un proceso de aprendizaje bidireccional, y Ucrania ha internalizado rápidamente las lecciones sobre el valor estratégico de los drones. Lejos de ser solo un defensor, Ucrania ha incrementado masivamente su propia producción y uso de drones, desde pequeños VANT FPV (First Person View) de ataque, hasta drones marítimos y VANT de largo alcance capaces de atacar objetivos dentro del territorio ruso. Estos drones ucranianos no solo se utilizan para reconocimiento o ajuste de artillería, sino también para ataques directos contra objetivos militares rusos: bases aéreas, depósitos de combustible, instalaciones de radar y unidades de artillería. Al lanzar sus propios ataques con drones, Ucrania obliga a Rusia a desviar recursos significativos para su propia defensa aérea y seguridad, creando una presión simétrica. Esto tiene un doble beneficio: reduce la capacidad ofensiva rusa al forzar la redistribución de recursos, y también afecta la moral, demostrando que Ucrania no es una víctima pasiva. La innovación ucraniana en este campo es notable y ha sido ampliamente documentada, por ejemplo, en este análisis de Reuters sobre la evolución de los drones marítimos ucranianos.

La guerra electrónica y la inteligencia

La guerra moderna es tanto un conflicto cinético como una batalla en el espectro electromagnético. Ucrania ha invertido fuertemente en sistemas de guerra electrónica (EW) para interferir con las señales de control y el GPS de los drones rusos, desviándolos de sus cursos o haciéndolos caer. La inteligencia es el componente vital que precede a la acción: identificar las frecuencias de radio utilizadas por los drones, las ubicaciones de sus operadores, las rutas de vuelo, y los puntos de lanzamiento son cruciales para el éxito tanto de las defensas aéreas como de los ataques preventivos. La capacidad de recopilar, analizar y actuar rápidamente sobre la inteligencia es lo que permite a Ucrania anticipar ataques y planificar sus propias contramedidas de manera efectiva. Esto es un juego de gato y ratón constante, donde cada lado busca explotar las vulnerabilidades del otro en el ámbito digital. La importancia de la guerra electrónica en el conflicto de Ucrania es un tema fascinante, como se detalla en esta publicación de RUSI.

Implicaciones a largo plazo y el futuro de la guerra de drones

La evolución de la guerra de drones en Ucrania tiene implicaciones profundas que van más allá del conflicto actual, remodelando las doctrinas militares y la percepción de la guerra moderna.

La evolución de la doctrina militar

El conflicto ucraniano ha cimentado la posición de los drones como una herramienta indispensable en el arsenal militar contemporáneo. Sin embargo, también ha demostrado que, si bien son poderosos, no son una "bala de plata". La capacidad de un ejército para integrar drones en una estrategia multifacética que combine ofensiva, defensa, guerra electrónica e inteligencia es lo que determinará su eficacia. La adaptabilidad y la innovación se han revelado como cualidades más valiosas que la mera superioridad numérica o tecnológica inicial. Los estados mayores de todo el mundo están revisando sus estrategias, comprendiendo que la "era del dron" requiere una reevaluación fundamental de la defensa aérea, la logística y las tácticas ofensivas. La inversión en sistemas modulares, la producción distribuida y la capacidad de rápida iteración tecnológica serán clave.

El impacto en la moral y la percepción

Para Rusia, la disminución de su capacidad de lanzar ataques masivos con drones "kamikaze" es un golpe tanto práctico como psicológico. Pierde una herramienta que le permitía golpear la retaguardia ucraniana y mantener la presión constante. Para la moral de sus tropas y, quizás, para la percepción interna de su propia capacidad industrial, esta merma es un indicador negativo. Para Ucrania, por el contrario, esta situación refuerza la moral, demostrando que su resistencia, ingenio y el apoyo de sus aliados están dando frutos. La capacidad de "mutilar" al adversario no solo es una victoria táctica, sino también una victoria en la narrativa de la guerra, demostrando la resiliencia y la capacidad de supervivencia ante un enemigo teóricamente superior.

Desafíos futuros

A pesar de los éxitos ucranianos, la carrera armamentista tecnológica nunca se detiene. Rusia, junto con sus aliados, buscará nuevas fuentes de suministro, desarrollará nuevas variantes de drones o buscará contramedidas para los éxitos ucranianos. Es posible que veamos una mayor integración de la inteligencia artificial en los drones, una mayor autonomía o la diversificación de sus métodos de ataque para superar las defensas actuales. La guerra es una constante evolución de estrategias y contraestrategias. Ucrania, por su parte, deberá mantener su ritmo de innovación y adaptación, asegurando que sus defensas sigan siendo efectivas y que su capacidad ofensiva con drones continúe creciendo. El futuro de este aspecto de la guerra dependerá de quién pueda innovar y adaptarse más rápidamente. Este dinamismo subraya la naturaleza implacable de la guerra moderna y la continua necesidad de vigilancia e inversión en capacidades avanzadas, tal como discute este artículo de Carnegie Endowment for International Peace.

En resumen, la aparente disminución en la capacidad de Rusia para lanzar drones "kamikaze" de manera sostenida representa un hito significativo en la guerra de Ucrania. Es el resultado de una combinación letal de sanciones internacionales, la mejora sustancial de las defensas aéreas ucranianas y una estrategia proactiva por parte de Kiev para desmantelar la infraestructura rusa. Esta "mutilación" no solo ha reducido la amenaza inmediata, sino que también ha demostrado la resiliencia y la capacidad de adaptación de Ucrania frente a un adversario formidable. El conflicto continúa siendo un laboratorio viviente para la evolución de la guerra moderna, donde la innovación y la adaptabilidad se erigen como los verdaderos vencedores.

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