¿Cliente VIP o ciudadano de segunda en tus compras online? La IA ya lo ha decidido por ti con una puntuación oculta

Imagínese esta situación: está a punto de comprar ese artículo que tanto desea en su tienda online favorita. Abre la página, compara precios y, de repente, se da cuenta de que un amigo suyo, que busca el mismo producto, lo ve a un precio ligeramente diferente o con una oferta de envío más ventajosa. ¿Casualidad? ¿Error? Es más probable que sea el resultado de un sistema complejo y, en gran medida, invisible que le ha asignado una puntuación. Una especie de carné de identidad digital oculto, forjado por algoritmos de inteligencia artificial, que determina su estatus como cliente: ¿es usted un comprador de primera, digno de las mejores ofertas y un servicio premium, o un ciudadano de segunda, relegado a condiciones estándar o incluso menos favorables? Esta realidad, lejos de ser ciencia ficción, es el pan de cada día en el vasto universo del comercio electrónico, y la opacidad que la rodea plantea interrogantes cruciales sobre equidad, transparencia y la autonomía del consumidor.

Desde el momento en que entramos en una plataforma de comercio electrónico, cada clic, cada búsqueda, cada producto añadido al carrito y cada compra completada (o abandonada) deja una huella digital. Esta información, aparentemente insignificante de forma individual, se convierte en un caudal de datos cuando se procesa a escala masiva. La inteligencia artificial no solo analiza nuestro comportamiento pasado, sino que también intenta predecir nuestras acciones futuras, nuestra disposición a pagar, nuestra lealtad y hasta el riesgo que representamos en términos de devoluciones. Es una danza algorítmica constante y silenciosa, donde cada usuario es evaluado y categorizado, a menudo sin que lo sepa. Esta puntuación oculta no solo influye en los precios que vemos, sino también en la prioridad de nuestro servicio al cliente, la disponibilidad de ciertos productos e incluso la forma en que se nos presentan las opciones de envío. La era de la personalización algorítmica ha llegado, y con ella, la necesidad de entender sus implicaciones.

La era de la personalización algorítmica y sus sombras

¿Cliente VIP o ciudadano de segunda en tus compras online? La IA ya lo ha decidido por ti con una puntuación oculta

La inteligencia artificial ha revolucionado la forma en que interactuamos con el mundo digital, y el comercio electrónico es, sin duda, uno de los sectores donde su influencia es más palpable. Desde los sistemas de recomendación que sugieren "otros productos que te podrían interesar" hasta los chatbots que resuelven nuestras dudas, la IA busca optimizar nuestra experiencia de compra. Sin embargo, detrás de esta conveniencia aparente, se esconde una faceta menos visible y más compleja: la construcción de perfiles de usuario extremadamente detallados. Estos perfiles no solo nos ayudan a encontrar lo que buscamos, sino que también pueden ser utilizados para asignarnos una "puntuación oculta" que determina cómo la plataforma nos trata. Pienso que, si bien la personalización tiene beneficios innegables para el usuario, como encontrar productos relevantes de manera más sencilla, la falta de transparencia en cómo se construyen y utilizan estas puntuaciones es una fuente legítima de preocupación. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a ceder el control sobre nuestra experiencia de compra a algoritmos que operan en la sombra?

Este concepto de "puntuación oculta" no es del todo nuevo. En otros ámbitos, como los seguros o la banca, las puntuaciones de crédito y riesgo son prácticas estándar. Lo que cambia en el comercio electrónico es la granularidad de los datos que se recopilan y la ausencia de un marco claro y comprensible para el consumidor sobre cómo se utilizan. Esta puntuación no es una cifra estática; es dinámica, evoluciona con cada interacción y puede tener un impacto directo en nuestra cartera y en la calidad del servicio que recibimos.

¿Qué es la "puntuación oculta" y cómo se construye?

La puntuación oculta, o score de cliente, es un valor numérico o categórico asignado a cada usuario por los algoritmos de una plataforma de comercio electrónico. Este score no se basa en una única métrica, sino en una compleja amalgama de datos que recogen casi cada acción y característica del comprador. Para construir este perfil, la IA procesa una cantidad ingente de información, entre la que se incluye:

  • Historial de compras: No solo qué productos se compraron, sino también la frecuencia, el valor monetario medio de cada pedido, las categorías de productos preferidas y si se aprovechan ofertas o se compra a precio completo.
  • Comportamiento de navegación: Páginas visitadas, tiempo de permanencia en cada una, productos visualizados pero no comprados, artículos añadidos al carrito y abandonados, búsquedas realizadas y filtros aplicados.
  • Interacciones con la plataforma: Apertura de correos electrónicos promocionales, clics en anuncios, participación en encuestas, uso de chatbots o servicio de atención al cliente.
  • Comportamiento de pago y devoluciones: Métodos de pago preferidos, historial de devoluciones (frecuencia, motivos, valor de los productos devueltos), disputas de pagos.
  • Datos demográficos y geográficos: Ubicación (ciudad, país), edad, género (inferido), tipo de dispositivo utilizado para la compra (móvil, ordenador), sistema operativo.
  • Fuentes externas: En algunos casos, la plataforma podría integrar datos de terceros o de redes sociales (si el usuario ha otorgado permisos) para enriquecer el perfil.

Todos estos puntos de datos se alimentan a modelos de aprendizaje automático, que identifican patrones y correlaciones. Por ejemplo, un usuario que compra regularmente productos de alto valor, raramente devuelve artículos y responde positivamente a ofertas personalizadas podría recibir una puntuación alta, siendo clasificado como un "cliente VIP". Por el contrario, un usuario que realiza muchas devoluciones, abandona carritos con frecuencia o solo compra durante grandes descuentos podría obtener una puntuación más baja, siendo catalogado como un "cliente de riesgo" o "sensible al precio". Los algoritmos, en esencia, predicen el valor futuro del cliente para la empresa y ajustan la experiencia en consecuencia.

El impacto directo en la experiencia del usuario

Una vez que se ha establecido esta puntuación oculta, sus efectos se ramifican en múltiples aspectos de la interacción del usuario con la plataforma, moldeando una experiencia de compra que puede variar drásticamente de un individuo a otro. Esto no es solo una cuestión de conveniencia; puede afectar directamente a la percepción de equidad y a la confianza del consumidor en el mercado digital.

Precios dinámicos y ofertas personalizadas

Quizás el impacto más controvertido de estas puntuaciones sea la implementación de precios dinámicos. Es una práctica donde el precio de un producto no es fijo, sino que fluctúa en tiempo real basándose en diversos factores, incluida la puntuación del cliente. Un algoritmo podría determinar que un cliente con un historial de compras de alto valor y baja sensibilidad al precio está dispuesto a pagar más por un producto específico, mostrando un precio ligeramente superior que a otro cliente considerado más "sensible al precio" o que necesita un incentivo adicional. Del mismo modo, las ofertas y promociones exclusivas a menudo se dirigen solo a aquellos usuarios que han alcanzado un cierto umbral en su puntuación. Es posible que un cliente VIP reciba descuentos exclusivos o acceso a ventas privadas que simplemente no aparecen para un cliente con una puntuación más baja. Esto crea una suerte de economía segmentada donde no todos los ojos ven el mismo escaparate. Personalmente, me preocupa cómo esta segmentación, si no se gestiona con total transparencia, puede erosionar la confianza y hacer que los consumidores sientan que están siendo manipulados. Para aquellos interesados en entender más sobre estas prácticas, un estudio sobre la discriminación de precios dinámica por parte de la FTC en Estados Unidos puede ser muy esclarecedor.

Prioridad en el servicio y la atención al cliente

La puntuación del cliente también puede influir en la calidad y la velocidad del servicio al cliente. Los clientes con una puntuación alta podrían disfrutar de líneas de atención telefónica exclusivas, tiempos de espera reducidos, agentes de soporte dedicados o procesos de devolución y reembolso más ágiles. Por el contrario, aquellos con puntuaciones más bajas podrían encontrarse con tiempos de espera más largos, menos opciones de contacto o un escrutinio mayor en sus solicitudes. Imagínese la frustración de saber que, a pesar de ser un cliente leal y frecuente, su problema está siendo atendido con menor prioridad que el de otra persona simplemente por un algoritmo que nadie comprende del todo. El acceso al servicio, un derecho fundamental del consumidor, podría transformarse en un privilegio condicionado.

Disponibilidad de productos y acceso a preventas

En ocasiones, la puntuación puede ir más allá de los precios y el servicio, afectando incluso a la disponibilidad de los productos. Algunas plataformas podrían ofrecer acceso anticipado a lanzamientos exclusivos, preventas o artículos de edición limitada solo a sus clientes más valorados. Esto no solo genera un sentimiento de exclusividad para los "elegidos", sino que también puede crear una escasez artificial o una sensación de "estar fuera del círculo" para aquellos que no cumplen con los criterios algorítmicos. Para los entusiastas de productos específicos o coleccionables, esto puede ser especialmente frustrante.

La opacidad de los algoritmos: un desafío ético y regulatorio

La esencia del problema reside en la opacidad. La mayoría de los usuarios desconocen por completo que están siendo puntuados, qué métricas se utilizan para ello y, lo que es más importante, cómo esa puntuación afecta su experiencia de compra. Esta falta de transparencia plantea serios desafíos éticos y regulatorios. Si un algoritmo decide que un grupo demográfico específico (por ejemplo, aquellos que viven en ciertas áreas o usan ciertos métodos de pago) tiene una menor probabilidad de ser un cliente rentable y, por lo tanto, se les ofrecen peores condiciones, ¿no estamos ante una forma de discriminación algorítmica? Aunque no sea intencional por parte de los desarrolladores, los sesgos inherentes en los datos con los que se entrena la IA pueden perpetuar o incluso amplificar desigualdades existentes. La responsabilidad de garantizar que los algoritmos sean justos y no discriminatorios recae tanto en las empresas como en los reguladores. Considero que la explicación y el derecho a una intervención humana en las decisiones automatizadas son pilares fundamentales para un futuro digital más justo.

¿Qué dicen las leyes actuales y qué se espera?

La legislación actual ha comenzado a abordar la cuestión de la inteligencia artificial y la privacidad de los datos, aunque todavía hay un camino considerable por recorrer específicamente en lo que respecta a las puntuaciones ocultas en el comercio electrónico. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea es un ejemplo pionero, que otorga a los individuos el "derecho a no ser objeto de una decisión basada únicamente en el tratamiento automatizado, incluida la elaboración de perfiles", si esta decisión produce efectos jurídicos o le afecta significativamente. Además, el RGPD exige transparencia sobre cómo se procesan los datos personales y, en ciertos contextos, otorga el derecho a una "explicación" de las decisiones automatizadas. Normativas como la Ley de Privacidad del Consumidor de California (CCPA) también avanzan en esta dirección, otorgando a los consumidores más control sobre sus datos.

Sin embargo, estas leyes generales no siempre son suficientes para abordar la complejidad de las puntuaciones algorítmicas en tiempo real y sus implicaciones sutiles. Se necesita una legislación más específica que obligue a las empresas a ser transparentes sobre la existencia de estos sistemas de puntuación, los factores que influyen en ellos y las formas en que los consumidores pueden impugnar o comprender su puntuación. El debate global en torno a la regulación de la IA está en pleno apogeo, y esperamos que las futuras normativas establezcan marcos más robustos para la auditoría de algoritmos y la protección contra la discriminación algorítmica.

¿Cómo podemos como consumidores navegar en este nuevo panorama?

En un mundo donde la IA ya nos evalúa silenciosamente, los consumidores no estamos del todo indefensos. Adoptar una postura informada y proactiva es fundamental para proteger nuestros intereses y demandar un ecosistema digital más equitativo.

En primer lugar, es crucial ser conscientes de que cada una de nuestras acciones online está siendo analizada. Esto no implica vivir con paranoia, sino simplemente entender que la información que compartimos y la forma en que interactuamos con las plataformas tienen consecuencias. Leer las políticas de privacidad (sí, esas que tan a menudo aceptamos sin leer) puede dar pistas sobre cómo las empresas gestionan nuestros datos.

Para aquellos preocupados por la recopilación de datos, existen algunas medidas que, aunque no erradican por completo el seguimiento, pueden mitigarlo. Utilizar navegadores que enfaticen la privacidad, limpiar las cookies regularmente, o incluso emplear modos de navegación "incógnito" o VPNs puede ayudar a reducir la huella digital. Sin embargo, hay que ser realistas: mientras estemos logueados en una cuenta o utilicemos una misma dirección IP, el seguimiento es difícil de eludir por completo. Una buena fuente de información para gestionar la privacidad de datos es la Electronic Frontier Foundation (EFF).

Más allá de las acciones individuales, como consumidores, tenemos un poder colectivo importante. Debemos exigir transparencia a las empresas. Apoyar a aquellas plataformas que sean claras sobre sus prácticas de datos y la personalización algorítmica, y cuestionar a las que operan en la opacidad. La demanda de información sobre cómo se construyen estas puntuaciones y cómo afectan las decisiones que nos conciernen es un derecho que debemos ejercer. Si más usuarios alzan la voz, la presión sobre las empresas y los reguladores para actuar será mayor. Además, estar al tanto de los desarrollos en la legislación sobre IA y protección de datos es fundamental. La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), por ejemplo, ofrece recursos valiosos sobre derechos y obligaciones en la era digital.

El futuro de las compras online: ¿hacia una mayor equidad o una estratificación digital?

El camino hacia el futuro de las compras online se encuentra en una encrucijada. Por un lado, tenemos la promesa de una personalización hiper-relevante, que nos ahorra tiempo y nos conecta con productos que realmente necesitamos o deseamos. Por otro, está la inquietante posibilidad de una estratificación digital, donde el trato que recibimos depende de una puntuación secreta, creando un sistema de clases entre consumidores.

Mi esperanza es que la presión de los consumidores, la ética de las empresas y una regulación inteligente y proactiva converjan para crear un entorno de comercio electrónico donde la personalización no venga a expensas de la equidad. Un futuro donde se utilicen los algoritmos para mejorar la experiencia de todos los usuarios, no para discriminar sutilmente a algunos. Esto requerirá un diálogo continuo entre desarrolladores, legisladores y el público, y la voluntad de establecer límites claros sobre cómo se utiliza la inteligencia artificial en nuestras vidas diarias. Al final, somos nosotros, los usuarios, quienes debemos ser el factor determinante en la forma en que esta tecnología moldea nuestro mundo.

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