China no se ha quedado de brazos cruzados ante la ofensiva neerlandesa contra Nexperia: el pulso con Europa se recrudece

La geopolítica moderna se teje cada vez más en los hilos invisibles de las cadenas de suministro tecnológicas, y pocas áreas son tan críticas como la de los semiconductores. En este tablero de ajedrez global, los movimientos de fichas no se limitan a grandes potencias como Estados Unidos y China, sino que involucran de lleno a actores europeos con un papel fundamental en la fabricación y el diseño de componentes esenciales. La reciente escalada de tensión entre los Países Bajos y China, centrada en la empresa Nexperia, no es un incidente aislado, sino un síntoma claro de cómo la "desconexión" o "desriesgo" occidental de la economía china está cobrando una nueva y a veces conflictiva dimensión. Lo que comenzó como una preocupación por la seguridad nacional y la protección de la propiedad intelectual ha evolucionado hacia un pulso geopolítico y económico que promete recalentar las ya tensas relaciones entre Pekín y Bruselas. La pasividad no es una opción para ninguna de las partes, y la ofensiva neerlandesa ha encontrado una respuesta firme, aunque todavía calculada, desde el gigante asiático. Este enfrentamiento no solo tiene implicaciones para las empresas involucradas, sino que sienta un precedente crucial para la futura interacción económica y tecnológica global.

La raíz de la controversia: Nexperia y la estrategia de los Países Bajos

China no se ha quedado de brazos cruzados ante la ofensiva neerlandesa contra Nexperia: el pulso con Europa se recrudece

Para entender la magnitud de la situación actual, es fundamental contextualizar qué es Nexperia y por qué su figura es tan relevante. Nexperia, con sede en Nimega, Países Bajos, es una empresa líder en la fabricación de semiconductores estándar, un componente omnipresente en prácticamente todos los dispositivos electrónicos, desde smartphones hasta automóviles. Anteriormente parte de NXP Semiconductors, la compañía fue adquirida en 2019 por Wingtech Technology, un conglomerado chino con fuertes lazos con el gobierno de Pekín. Esta adquisición ya levantó cejas en su momento, pero es en el contexto actual de la guerra tecnológica y la creciente preocupación por la seguridad nacional donde ha cobrado una nueva y aguda relevancia.

La "ofensiva neerlandesa" a la que se refiere el título no es un ataque directo, sino una serie de movimientos reguladores amparados en nuevas legislaciones para la revisión de inversiones extranjeras directas (IED). Los Países Bajos, al igual que otros países europeos y Estados Unidos, han implementado mecanismos más robustos para escrutar inversiones que puedan representar un riesgo para la seguridad nacional, la autonomía tecnológica o la protección de infraestructuras críticas. En este marco, el gobierno neerlandés ha exigido a Nexperia la desinversión de parte de sus intereses en dos empresas estratégicas neerlandesas: Nowi, especializada en tecnologías de recolección de energía, y Ampleon, un fabricante de semiconductores de potencia utilizados en aplicaciones críticas como telecomunicaciones 5G y defensa.

La justificación de estas medidas radica en la preocupación por el acceso de Wingtech (y, por extensión, del estado chino) a tecnología sensible y conocimiento clave que podría tener aplicaciones militares o estratégicas. La independencia tecnológica es un objetivo cada vez más prioritario para Europa, especialmente después de las disrupciones en las cadenas de suministro globales y la constatación de la dependencia de otros mercados, tanto en la fabricación avanzada como en las materias primas. Personalmente, considero que estas acciones, aunque disruptivas, son una manifestación inevitable de la reevaluación de riesgos que Occidente está llevando a cabo. La globalización, tal como la conocíamos, está siendo redefinida por imperativos de seguridad y soberanía, y los semiconductores son, sin duda, el campo de batalla más crítico en esta transformación. La información sobre la adquisición inicial de Nexperia por parte de Wingtech puede encontrarse en fuentes como Reuters, que cubrieron la noticia en su momento. Para comprender mejor la postura neerlandesa sobre las IED, es útil consultar informes del gobierno de los Países Bajos o análisis de entidades como el European Council on Foreign Relations.

La respuesta de China: del silencio calculado a la acción estratégica

Si bien la reacción inicial de China a las medidas neerlandesas pudo parecer medida, es evidente que Pekín no tiene intención de aceptar pasivamente lo que percibe como una agresión económica y una interferencia en sus inversiones legítimas. El gobierno chino, a través de sus canales diplomáticos y comerciales, ha expresado su "seria preocupación" y ha advertido sobre las posibles repercusiones de estas decisiones. La retórica oficial subraya la necesidad de un entorno de mercado justo y no discriminatorio, acusando a los Países Bajos de politizar los asuntos económicos y de sucumbir a las presiones externas, implícitamente de Estados Unidos.

Más allá de la retórica, las posibles acciones de respuesta de China son variadas y podrían tener un impacto significativo. Una de las herramientas más potentes en el arsenal chino son las restricciones a la exportación de materiales críticos. China es un actor dominante en la extracción y procesamiento de tierras raras y otros minerales esenciales para la fabricación de alta tecnología, incluyendo los propios semiconductores. Una limitación en el suministro de estos materiales podría afectar gravemente a la industria europea, incluyendo a empresas neerlandesas que dependen de ellos para sus procesos productivos. No sería la primera vez que China utiliza esta estrategia; ya lo hizo en el pasado con Japón por una disputa territorial.

Otra vía de respuesta podría ser la aplicación de su Ley contra las Sanciones Extranjeras, que permite a Pekín tomar represalias contra entidades o individuos que colaboren con sanciones o medidas que China considere perjudiciales para sus intereses. Esto podría traducirse en restricciones para empresas europeas que operan en China o en la imposición de tarifas a productos neerlandeses. Además, China podría intensificar sus esfuerzos para acelerar el desarrollo de su propia industria de semiconductores, invirtiendo aún más en investigación y desarrollo para reducir su dependencia de la tecnología extranjera, aunque este es un objetivo a largo plazo que ya está en marcha. La tensión comercial entre la UE y China ha sido un tema recurrente, y el South China Morning Post a menudo ofrece perspectivas detalladas sobre la respuesta de Pekín.

Es importante señalar que China, aunque firme, suele calcular sus movimientos para evitar una escalada descontrolada que podría perjudicar sus propios intereses económicos globales. Sin embargo, el mensaje es claro: la era de las concesiones unilaterales ha terminado. El gobierno chino está dispuesto a defender sus inversiones y su visión de un orden económico multipolar. Esta es una situación que, a mi juicio, subraya la creciente fragmentación de la economía global y el complejo desafío que enfrentan las empresas multinacionales al navegar en un entorno geopolítico donde las reglas del juego están en constante evolución.

La dimensión geopolítica: un eco de la rivalidad entre Estados Unidos y China

No se puede analizar el conflicto entre los Países Bajos y China sin reconocer la sombra omnipresente de la rivalidad entre Estados Unidos y China. Washington ha estado presionando activamente a sus aliados europeos para que adopten una postura más dura frente a Pekín, especialmente en lo que respecta a la tecnología sensible y la inversión en sectores estratégicos. La administración Biden ha impulsado una estrategia de "pequeño patio, valla alta" (small yard, high fence) para limitar el acceso de China a tecnologías críticas, y esto incluye a sus aliados europeos en la cadena de suministro de semiconductores. La decisión de los Países Bajos de restringir la exportación de maquinaria de litografía avanzada de ASML a China, por ejemplo, fue un movimiento altamente simbólico y estratégico que, aunque oficialmente bilateral, estuvo fuertemente influenciado por las presiones de Washington.

El caso Nexperia es, en muchos sentidos, una extensión de esta dinámica. Europa se encuentra en una posición delicada, tratando de equilibrar sus importantes lazos económicos con China —un mercado vital para muchas de sus industrias— con las crecientes preocupaciones de seguridad nacional y las presiones de su principal aliado transatlántico. El concepto de "desriesgo" (de-risking), propuesto por la Comisión Europea, busca reducir la dependencia excesiva de China en sectores críticos sin llegar a una "desconexión" (decoupling) total. Sin embargo, la línea entre ambos conceptos es a menudo borrosa y las acciones de los Países Bajos, al bloquear inversiones chinas en Nexperia, se acercan más a una forma de desconexión en áreas muy específicas y sensibles.

La pregunta clave es si estas acciones unilaterales de países europeos, aunque justificadas en términos de seguridad nacional, podrían ser percibidas por Pekín como una estrategia coordinada impulsada por Washington, lo que podría provocar una reacción más dura y unitaria contra la UE en su conjunto. La unidad europea en la política hacia China es, como sabemos, un desafío constante, y la situación de Nexperia podría ponerla a prueba. Para una visión más amplia sobre la política exterior china y su relación con Europa, recomiendo análisis de centros de estudios como el Mercator Institute for China Studies (MERICS).

Implicaciones económicas y el futuro de las cadenas de suministro

Las ramificaciones de este pulso van mucho más allá de las empresas directamente afectadas. En el ámbito económico, la incertidumbre regulatoria y la creciente politización de las inversiones transfronterizas tienen un efecto disuasorio para la inversión. Las empresas chinas se enfrentarán a un escrutinio mucho más riguroso en Europa, y las empresas europeas en China podrían ver sus operaciones afectadas por posibles represalias. Esto podría llevar a una bifurcación de las cadenas de suministro, con empresas optando por "friend-shoring" o "near-shoring" para reducir riesgos geopolíticos, aunque a menudo a un costo mayor.

Para la industria de los semiconductores, un sector ya de por sí altamente globalizado e interconectado, estas tensiones son particularmente problemáticas. La disrupción en cualquier eslabón de la cadena de valor puede tener efectos en cascada, afectando a múltiples industrias, desde la automotriz hasta la de consumo electrónico. Si China decide restringir la exportación de tierras raras o materiales clave, el impacto en la fabricación de chips globales podría ser considerable, ralentizando la producción y aumentando los costos.

Además, este escenario refuerza la carrera por la autosuficiencia tecnológica. Tanto China como Europa están invirtiendo miles de millones en sus propias industrias de semiconductores, buscando reducir su dependencia externa. Programas como la European Chips Act son un testimonio de esta ambición. Sin embargo, construir una cadena de suministro de semiconductores completa y competitiva desde cero es un desafío monumental que requiere años de inversión y desarrollo, así como acceso a talento y mercados globales. Mientras tanto, la interdependencia sigue siendo una realidad ineludible. Es mi opinión que esta carrera por la autosuficiencia, aunque comprensible desde una perspectiva de seguridad nacional, puede llevar a una duplicación de esfuerzos ineficiente a nivel global y a un aumento generalizado de los costes de producción, algo que, en última instancia, pagará el consumidor.

¿Hacia dónde se dirige este pulso?

La escalada de tensión entre los Países Bajos y China por el caso Nexperia no es un evento aislado, sino un capítulo más en la compleja narrativa de la competencia geopolítica y tecnológica. Es poco probable que haya una resolución rápida o sencilla. China seguirá defendiendo sus intereses de inversión y, probablemente, buscará formas de demostrar su capacidad de respuesta sin provocar una crisis total. Los Países Bajos, y Europa en general, continuarán fortaleciendo sus mecanismos de revisión de IED y su enfoque en la protección de tecnologías críticas.

Lo que sí podemos anticipar es una mayor fragmentación de la economía global, con bloques comerciales y tecnológicos cada vez más definidos. Las empresas tendrán que navegar en un entorno de reglas cambiantes y mayores riesgos políticos. La diplomacia y la negociación serán más importantes que nunca, pero también lo será la voluntad de cada parte de defender lo que considera sus intereses fundamentales. Este pulso no solo definirá el futuro de Nexperia, sino que contribuirá a moldear la arquitectura económica y tecnológica del siglo XXI. El desenlace de situaciones como esta será un indicador clave de si el mundo se dirige hacia una nueva Guerra Fría tecnológica o si, por el contrario, prevalecerán mecanismos de cooperación y coexistencia. Para noticias y análisis actualizados sobre la relación entre la UE y China, portales como Politico Europe ofrecen una cobertura regular.

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