La inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como una de las fuerzas transformadoras más poderosas de nuestro tiempo. Sus aplicaciones se extienden a casi todos los aspectos de la vida, desde la medicina y la educación hasta la economía y la interacción social. Sin embargo, su rápido avance no ha estado exento de cuestionamientos éticos y sociales. En medio de este panorama, un movimiento vibrante y crítico está emergiendo con fuerza en América Latina: el feminismo de la IA. Este enfoque no solo busca identificar y corregir los sesgos de género inherentes a los sistemas algorítmicos actuales, sino que propone una reestructuración fundamental de cómo se concibe, desarrolla y despliega la tecnología, con una visión de justicia social, equidad y derechos humanos en el centro. Es una voz que, desde la periferia global, aporta una perspectiva esencial y profundamente arraigada en las realidades interseccionales de la región, desafiando narrativas dominantes y construyendo futuros tecnológicos más inclusivos. La relevancia de este movimiento en una región marcada por profundas desigualdades sociales, económicas y de género no puede subestimarse, pues la IA, si no se aborda con una mirada crítica y transformadora, corre el riesgo de perpetuar y amplificar estas brechas históricas, en lugar de contribuir a cerrarlas.
Orígenes y necesidad de una IA feminista en América Latina
La semilla de una IA feminista germina de la constatación de que la tecnología, lejos de ser neutral, refleja y reproduce los valores, sesgos y estructuras de poder de quienes la crean. Los sistemas de inteligencia artificial desarrollados mayoritariamente en el Norte global, con equipos predominantemente masculinos y de contextos culturales específicos, a menudo incorporan implícitamente sesgos de género, raciales y socioeconómicos. Esto se manifiesta en algoritmos de reconocimiento facial que fallan sistemáticamente en identificar a mujeres de color, en sistemas de contratación que desfavorecen a candidatas femeninas, o en asistentes de voz con roles de género estereotipados. En América Latina, la urgencia de abordar estos sesgos es aún mayor, dada la complejidad de sus sociedades, donde la desigualdad de género se cruza con profundas brechas raciales, de clase, étnicas y geográficas. Un algoritmo de crédito que penaliza a personas por su origen étnico o un sistema de seguridad pública que agudiza la vigilancia en comunidades marginalizadas son ejemplos de cómo la IA puede exacerbar injusticias preexistentes en la región.
El movimiento feminista de la IA en América Latina surge de la necesidad imperiosa de que estas tecnologías no solo sean "menos malas", sino que se conviertan en herramientas para la liberación y la justicia social. No se trata simplemente de añadir más mujeres al desarrollo de la IA, aunque eso es un paso importante, sino de infundir una perspectiva crítica y transformadora en todo el ciclo de vida de la tecnología. Esta perspectiva cuestiona los datos con los que se entrena la IA (¿quién los generó?, ¿qué sesgos contienen?), las preguntas que se formulan (¿a quiénes beneficia esta solución?, ¿a quiénes invisibiliza?), los impactos sociales (¿cómo afecta a las poblaciones más vulnerables?) y las estructuras de poder que sostienen su desarrollo y uso. Desde mi punto de vista, la capacidad de la región para identificar y abordar estas intersecciones de forma holística es lo que le da una voz única y potentísima en el debate global sobre la ética de la IA, aportando una riqueza de experiencias y conocimientos que a menudo son ignorados en los centros hegemónicos de desarrollo tecnológico. Es un llamado a diseñar tecnologías "con" y "para" las comunidades, en lugar de solo "para" ellas, lo que implica un proceso de co-creación y empoderamiento que es fundamental para una verdadera justicia tecnológica.
Principios y pilares del movimiento
El movimiento de IA feminista en América Latina no es monolítico, pero se articula en torno a principios compartidos que buscan cimentar una aproximación ética, inclusiva y transformadora a la tecnología. Uno de los pilares fundamentales es la **ética y los derechos humanos** como eje central de cualquier desarrollo o implementación de IA. Esto implica que los sistemas no solo deben evitar dañar, sino que deben estar diseñados para promover la dignidad humana, la privacidad, la autonomía y la no discriminación. La IA, en esta visión, debe ser un medio para fortalecer los marcos de derechos humanos existentes, no para socavarlos. Se insiste en la necesidad de un enfoque centrado en la persona, donde las necesidades y los valores de las comunidades, especialmente las marginadas, guíen las decisiones tecnológicas.
Otro principio crucial es la **inclusión y la diversidad** en todas las etapas del ciclo de vida de la IA. Esto va más allá de una representación numérica y exige la participación significativa de mujeres, personas de la comunidad LGBTQ+, pueblos indígenas, afrodescendientes y personas con discapacidad en el diseño, desarrollo, pruebas y gobernanza de la IA. La diversidad de perspectivas en los equipos de desarrollo es esencial para identificar y mitigar sesgos, pero también para generar soluciones que sean culturalmente relevantes y útiles para una gama más amplia de usuarios. La **transparencia y la rendición de cuentas** son igualmente fundamentales, desafiando la "caja negra" de muchos algoritmos. El movimiento aboga por la explicabilidad de los sistemas de IA, permitiendo comprender cómo toman decisiones, y por establecer mecanismos claros para la rendición de cuentas en caso de daños o errores. Esto incluye la auditoría algorítmica y la posibilidad de impugnar decisiones automatizadas que afecten a la vida de las personas. La Association for Progressive Communications (APC), por ejemplo, ha sido una voz líder en la promoción de políticas que integran estas perspectivas de género y derechos en las tecnologías.
La **justicia interseccional** es el corazón del feminismo de la IA. Este principio reconoce que las experiencias de opresión no son singulares, sino que se entrelazan y superponen. Un sistema de IA que discrimina a una mujer indígena no lo hace solo por ser mujer o solo por ser indígena, sino por la combinación de ambas identidades. Por lo tanto, las soluciones deben abordar estas múltiples capas de desigualdad, evitando enfoques universalistas que ignoren las especificidades. Finalmente, la **descolonización tecnológica** es un pilar que resuena profundamente en América Latina. Desafía la dependencia de tecnologías, datos y narrativas provenientes del Norte global, y promueve la construcción de capacidades locales, la soberanía tecnológica y el desarrollo de soluciones de IA que sean pertinentes a los contextos y culturas de la región. En mi opinión, este último punto es donde la región tiene un potencial inmenso para liderar, al proponer modelos de desarrollo tecnológico que no repliquen las lógicas extractivistas o hegemónicas, sino que se basen en la colaboración y el respeto mutuo.
Actores clave y sus iniciativas en la región
El ecosistema de la IA feminista en América Latina es diverso y está en constante crecimiento, impulsado por una red de académicas, activistas, organizaciones de la sociedad civil, colectivos feministas, centros de investigación y emprendedoras sociales. Estos actores están forjando un camino único, adaptando y aplicando los principios del feminismo digital y de la IA a las realidades específicas de la región. Uno de los pilares de este movimiento es la investigación académica crítica, que analiza desde una perspectiva feminista los impactos de la IA en áreas como el trabajo, la violencia de género en línea, la salud sexual y reproductiva, y la participación política. Académicas de universidades en México, Brasil, Argentina y Chile, entre otros, están publicando estudios fundamentales que visibilizan los sesgos y proponen alternativas.
Las organizaciones de la sociedad civil juegan un rol vital en la incidencia política y la educación. La Red Latinoamericana de Género y Tecnología (RedGT), por ejemplo, es un espacio colaborativo que conecta a múltiples actores y promueve la investigación y el activismo en la intersección de género y tecnología en la región. Organizaciones como Derechos Digitales, con sede en Chile y alcance regional, trabajan activamente en la protección de los derechos humanos en el entorno digital, incluyendo el análisis de los riesgos de la IA para la equidad de género y la privacidad. Su labor incluye la elaboración de informes, la capacitación y la participación en debates regulatorios, asegurando que las voces feministas sean escuchadas en la formulación de políticas públicas sobre IA.
Asimismo, los colectivos feministas y las organizaciones de base están innovando en el desarrollo de herramientas y estrategias para contrarrestar los efectos negativos de la IA o para utilizarla de manera empoderadora. Desde plataformas que documentan y combaten la violencia de género digital, hasta proyectos que utilizan datos y análisis de IA para visibilizar desigualdades, estos grupos están mostrando cómo la tecnología puede ser una aliada en la lucha por la justicia social. Iniciativas como Chicas en Tecnología, originaria de Argentina pero con impacto regional, buscan fomentar la participación de niñas y jóvenes en el ámbito de la tecnología, desmantelando estereotipos de género y construyendo una nueva generación de creadoras de tecnología con perspectiva de género. Mi propia observación me sugiere que la resiliencia y la creatividad de estos grupos, a menudo trabajando con recursos limitados, son una fuente de inspiración y demuestran el profundo compromiso con la transformación social que impulsa este movimiento. La colaboración entre estos diversos actores es clave, formando una red robusta que intercambia conocimientos, recursos y estrategias para amplificar su impacto en una región tan vasta y diversa.
Desafíos y oportunidades para un futuro equitativo
El camino hacia una IA verdaderamente feminista y equitativa en América Latina está lleno de obstáculos, pero también de oportunidades significativas para la innovación y el liderazgo regional. Es crucial abordar estos factores para que el movimiento pueda consolidar su impacto y transformar el panorama tecnológico.
Los desafíos persistentes
Uno de los desafíos más apremiantes es la **brecha digital de género y la brecha en educación STEM**. Las mujeres y las personas no binarias en América Latina a menudo tienen menos acceso a internet, dispositivos y, crucialmente, a educación y carreras en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Esta disparidad limita su participación en la creación de IA, perpetuando un ciclo de subrepresentación y sesgos en el diseño. A esto se suma la **escasez de datos desagregados y contextualizados** para la región. Los modelos de IA requieren vastas cantidades de datos para ser entrenados, y si estos datos no reflejan la diversidad demográfica, cultural y socioeconómica de América Latina –especialmente en lo que respecta a género, raza, etnia y clase–, los sistemas resultantes inevitablemente producirán resultados sesgados o irrelevantes. La dependencia de bases de datos globales que no capturan la riqueza de las realidades latinoamericanas es un problema serio.
Otro obstáculo es la **falta de financiación y recursos** para iniciativas locales y proyectos de IA feminista. Los grandes fondos de inversión tienden a favorecer startups con modelos de negocio más tradicionales o con soluciones escalables globalmente, dejando de lado a proyectos con un enfoque de justicia social que quizás no generen ganancias monetarias inmediatas pero sí un impacto social profundo. Además, la **resistencia a cambiar paradigmas** por parte de las estructuras de poder existentes, tanto en el sector tecnológico como en el gobierno, es una barrera importante. Adoptar un enfoque feminista de la IA implica cuestionar y rediseñar procesos establecidos, lo que puede generar inercia o incluso oposición. Finalmente, el riesgo de "fem-washing" o la adopción superficial de términos como "ética" o "inclusión" sin un compromiso real con la transformación sistémica, es una preocupación constante que puede diluir el verdadero potencial del movimiento.
Las oportunidades latentes
A pesar de estos desafíos, América Latina tiene un terreno fértil para el crecimiento y la influencia del movimiento de IA feminista. Una de las mayores oportunidades radica en la **innovación desde la periferia**. Al no estar atada a las estructuras y lógicas de los grandes centros tecnológicos globales, la región puede desarrollar soluciones de IA que sean intrínsecamente más inclusivas, éticas y contextualizadas. Esto permite la creación de tecnologías que no solo se adaptan a las necesidades locales, sino que también pueden servir de modelo para otras regiones del Sur global. La capacidad de construir desde cero, con una conciencia social y feminista ya integrada, es una ventaja competitiva en términos de desarrollo de IA responsable.
Asimismo, la región tiene la oportunidad de liderar en la **creación de marcos regulatorios progresistas**. Gobiernos y legisladores en varios países latinoamericanos están comenzando a debatir leyes y políticas sobre IA. El movimiento feminista puede influir activamente en estos procesos, garantizando que las normativas incluyan perspectivas de género, derechos humanos y justicia interseccional, sentando precedentes valiosos a nivel global. La experiencia de organizaciones como Data-Pop Alliance en la intersección de datos, desarrollo y género puede ser muy influyente en este ámbito. El **empoderamiento de comunidades marginadas** a través de la IA es otra oportunidad enorme. Cuando se diseña de manera participativa y con un enfoque feminista, la IA puede ser una herramienta poderosa para amplificar voces, mejorar el acceso a servicios básicos (salud, educación, justicia), y fortalecer la organización comunitaria. Esto puede generar soluciones de IA que respondan a problemas locales específicos, desde la gestión de recursos naturales hasta la prevención de la violencia de género, siempre desde un enfoque que priorice el bienestar colectivo sobre el beneficio individual o corporativo. Mi opinión es que la pasión por la justicia social que caracteriza a la región puede inyectar una energía vital en el desarrollo de la IA, trascendiendo el mero imperativo económico y elevando la ética y el impacto social como los verdaderos motores de la innovación.
Mi perspectiva: el camino a seguir para una IA más justa
Desde mi posición, el movimiento de IA feminista en América Latina no es solo una reacción necesaria a los sesgos tecnológicos, sino una propuesta proactiva y visionaria para un futuro digital más equitativo. Para que su impacto se profundice y se extienda, considero que es fundamental fortalecer varios frentes de acción simultáneamente. En primer lugar, la **colaboración multi-actor** es innegociable. No basta con el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil o de la academia de forma aislada. Se necesita una articulación constante y fluida con el sector público –para incidir en políticas y regulaciones–, con el sector privado –para promover prácticas de desarrollo de IA más éticas e inclusivas–, y, crucialmente, con las comunidades y movimientos sociales de base, quienes son los usuarios finales y, a menudo, los más afectados por estas tecnologías.
En segundo lugar, la **educación y la sensibilización** son claves para desmitificar la IA y empoderar a más personas para que participen críticamente en su desarrollo y uso. Esto implica desde programas de alfabetización digital con perspectiva de género, hasta la inclusión de módulos de ética de la IA en los currículos universitarios y técnicos. Necesitamos una ciudadanía digital que no solo consuma tecnología, sino que la entienda, la cuestione y la moldee según sus propios valores. En tercer lugar, la **inversión estratégica en investigación y desarrollo local** es vital. Los recursos deben dirigirse a fomentar la creación de soluciones de IA que respondan a las especificidades y necesidades de la región, construyendo bases de datos diversas y modelos que reflejen nuestras realidades. Esto no solo promueve la soberanía tecnológica, sino que también genera conocimiento y experiencia que pueden ser exportados y valorados globalmente.
Finalmente, y quizá lo más importante, es mantener siempre una **visión crítica y una voluntad de transformación radical**. El feminismo de la IA no busca simplemente "arreglar" un sistema roto, sino reimaginarlo desde sus cimientos. Esto requiere una valentía para desafiar el statu quo, para cuestionar las narrativas de "progreso" tecnológico que a menudo ocultan desigualdades, y para insistir en que la tecnología debe estar al servicio de la humanidad y del planeta, y no al revés. América Latina, con su rica historia de luchas sociales y su diversidad cultural, tiene la oportunidad de liderar este cambio, ofreciendo al mundo un modelo de desarrollo de IA que sea verdaderamente humano, justo y sostenible.
En mi opinión, el camino será largo y requerirá un compromiso sostenido, pero los cimientos ya están puestos. El movimiento de IA feminista en América Latina es un faro de esperanza que nos muestra que un futuro tecnológico más justo y equitativo no es solo posible, sino que ya se está construyendo, ladrillo a ladrillo, con pasión, inteligencia y un inquebrantable sentido de la justicia.
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