El silencio de los corderos

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En el fascinante y a menudo caprichoso universo de Hollywood, las decisiones de casting pueden redefinir carreras, forjar leyendas o, como en el caso que nos ocupa, dejar a los aficionados al cine con la eterna pregunta de "qué hubiera pasado si...". Corría el año 1991 cuando Sean Connery, ya una leyenda viva con su inolvidable interpretación de James Bond y un Oscar bajo el brazo, se enfrentó a una de esas encrucijadas. Le fue ofrecido el papel del infame doctor Hannibal Lecter en una película que no solo se convertiría en un clásico instantáneo, sino en uno de los thrillers psicológicos más aclamados de todos los tiempos: El silencio de los corderos. Sin embargo, su reacción al guion distó mucho de ser entusiasta; de hecho, lo consideró "asqueroso".

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Diario Tecnología