Ese hacker del que usted me habla: adolescente y no siempre con motivaciones políticas o económicas

Cuando la palabra "hacker" resuena en nuestra mente, es común que se evoquen imágenes de figuras enigmáticas, quizás con capuchas, inmersos en oscuros propósitos, movidos por vastas conspiraciones políticas o el implacable afán de lucro. Nos imaginamos mentes maestras del ciberespacio, profesionales avezados con agendas bien definidas y un profundo conocimiento de los sistemas más complejos. Sin embargo, esta visión, alimentada por Hollywood y titulares sensacionalistas, a menudo dista mucho de la realidad más prevalente en el panorama del cibercrimen y la intrusión digital. Existe un perfil mucho más frecuente y menos comprendido: el del adolescente, a menudo sin una brújula moral o financiera clara, impulsado por una mezcla de curiosidad, aburrimiento, la búsqueda de reconocimiento o simplemente el deseo de probar límites en un mundo digital cada vez más accesible. Es una realidad que nos interpela como sociedad: ¿estamos comprendiendo adecuadamente a esta población o la estamos juzgando con un rasero inadecuado?

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