La doble cara del genio: La obsesión de Steve Jobs por ser el número uno y el coste de la lealtad
La figura de Steve Jobs sigue siendo, décadas después de su partida, un faro de innovación y una fuente inagotable de debate. Un visionario implacable que redefinió industrias enteras con su genio, Jobs es idolatrado por millones, considerado el arquetipo del emprendedor disruptivo y el estratega de marketing por excelencia. Sin embargo, detrás del brillo de sus presentaciones y la elegancia de sus productos, existía una personalidad compleja, marcada por una ambición desmedida y una obsesión por la excelencia que a menudo rozaba la crueldad. Esta búsqueda incesante de ser el "número uno", no solo en términos de cuota de mercado sino en la supremacía filosófica y estética de sus creaciones, impulsó a Apple a alturas inimaginables, pero también lo llevó a tomar decisiones controvertidas, acciones de las que, en un mundo menos centrado en la gloria del éxito a cualquier precio, muchos se habrían avergonzado profundamente. Nos adentraremos hoy en una de esas facetas menos cómodas de su biografía, explorando cómo su implacable deseo de dominación lo llevó a actuar de una manera que desafía las nociones convencionales de lealtad y camaradería, y a reflexionar sobre el precio, a veces personal, de una ambición que no conocía límites.