Samsung y la batería: cómo remediar los problemas tras la última actualización

En el vasto universo de la tecnología móvil, pocos eventos generan tanta expectación y, a veces, frustración, como una nueva actualización de software. Se supone que estas mejoras traen consigo un rendimiento optimizado, nuevas funcionalidades y parches de seguridad cruciales. Sin embargo, para muchos usuarios de Samsung, la experiencia reciente ha sido todo menos una mejora. Las redes sociales y los foros tecnológicos bullen con quejas: "Mi Samsung ya no dura lo mismo", "La batería se descarga a una velocidad alarmante", "Desde la actualización, la autonomía es un desastre". Si te sientes identificado, no estás solo. Existe una percepción generalizada, y en muchos casos una realidad palpable, de que las recientes actualizaciones de Samsung, lejos de optimizar la duración de la batería, la han mermado de forma preocupante en varios modelos. Pero antes de tirar la toalla y considerar un cambio de móvil, queremos ofrecerte una guía detallada y profesional para entender qué está pasando y, lo más importante, cómo puedes intentar remediar esta situación.

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Desde que descubrí este menú secreto de Android Auto ha cambiado todo, incluso mi forma de conducir

Recuerdo perfectamente la primera vez que utilicé Android Auto. Fue una experiencia transformadora por sí misma, pasando de depender del teléfono en un soporte a tener una interfaz intuitiva y segura integrada en la pantalla de mi coche. Mapas, música, mensajes... todo al alcance de la mano (o de la voz). Sin embargo, con el tiempo, empecé a notar ciertas limitaciones, pequeñas imperfecciones que, aunque no arruinaban la experiencia, sí la hacían menos fluida de lo que esperaba. La resolución a veces no era la ideal, la respuesta podía ser un poco lenta en ciertos menús, y la conexión inalámbrica, aunque cómoda, a veces presentaba intermitencias. Creía que esto era lo máximo que Android Auto podía ofrecer, un estándar del que no se podía escapar.

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Ni Linux ni macOS, la mejor alternativa para un ordenador con Windows 10 es… Windows 11, pero con modificaciones

En el vasto universo de los sistemas operativos, la discusión sobre cuál es la mejor opción ha sido una constante. Durante años, los usuarios de Windows 10 se han enfrentado a un dilema cada vez más acuciante: ¿qué hacer cuando este venerable sistema operativo se acerque a su fecha de caducidad? La respuesta convencional suele apuntar a dos grandes rivales: migrar a un entorno Linux, alabado por su libertad y eficiencia, o dar el salto al elegante y restrictivo ecosistema de Apple con macOS. Ambas opciones tienen sus méritos y sus detractores, pero ¿y si existiera una tercera vía, una que nos permitiera disfrutar de lo mejor de ambos mundos sin renunciar a la familiaridad y compatibilidad que Windows ofrece? En este artículo, exploraremos la fascinante propuesta de adoptar Windows 11, no en su forma predeterminada, sino una versión estratégicamente modificada y optimizada, como la alternativa más sensata y potente para los usuarios de Windows 10.

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Exingeniero de Microsoft afirma que "Windows es una basura" y explica cómo solucionarlo

El mundo de la tecnología rara vez está exento de controversias, pero pocas declaraciones resuenan tan fuerte como la que ha hecho recientemente un exingeniero de Microsoft: "Windows es una basura". Una afirmación tan contundente, proveniente de alguien que ha trabajado en las entrañas de la compañía, no puede tomarse a la ligera. Esta crítica visceral ha encendido un debate apasionado sobre la calidad, el rendimiento y la dirección del sistema operativo más utilizado del planeta. Más allá del impacto mediático, lo realmente valioso son las razones detrás de esta acusación y, más importante aún, las soluciones propuestas para un sistema que, para muchos, es el pilar de su vida digital. En este análisis exhaustivo, desglosaremos los puntos clave de la crítica, exploraremos las posibles causas subyacentes y examinaremos las vías de mejora, tanto para Microsoft como para el usuario final.

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Reviviendo un viejo portátil: la inesperada transformación con un sistema operativo gratuito

¿Alguna vez te has encontrado mirando con frustración ese portátil que una vez fue tu fiel compañero, ahora reducido a una pieza de hardware lenta, ruidosa y prácticamente inutilizable? Es un escenario demasiado común. Con el paso de los años, el software se vuelve más exigente, los sistemas operativos se hinchan con características que rara vez usamos y el hardware, aunque aún funcional, simplemente no puede seguir el ritmo. Muchos de nosotros optamos por relegar estos equipos a un rincón, o peor aún, a la basura, pensando que su vida útil ha llegado a su fin. Sin embargo, permítanme compartirles una experiencia que ha cambiado mi percepción y la de mi viejo portátil para siempre: la migración a un sistema operativo gratuito, ligero y de código abierto.

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Una configuración de Windows 11 que acorta la vida de su SSD

En la era digital actual, la velocidad es un requisito, no un lujo. Los discos de estado sólido (SSD) se han convertido en el estándar de oro para el almacenamiento principal en nuestros equipos, reemplazando a los antiguos discos duros mecánicos (HDD) gracias a su impresionante velocidad y eficiencia. Sin embargo, detrás de esta agilidad se esconde una realidad tecnológica que muchos usuarios, incluso los más experimentados, suelen pasar por alto: la vida útil finita de un SSD. A diferencia de los HDD, que eventualmente fallan por desgaste mecánico, los SSD tienen un número limitado de ciclos de escritura y borrado por cada celda de memoria. Una vez que se alcanza ese límite, la celda deja de funcionar correctamente, y con el tiempo, la unidad completa puede volverse inestable o inoperable. Lo que pocos saben es que una configuración muy común en Windows 11, y que seguramente usted tiene activa, puede estar acelerando innecesariamente este proceso de desgaste, restándole años valiosos a la vida útil de su preciado SSD.

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