2026, el año del fin de los mandos a distancia para el televisor: ahora cualquiera que esté sentado frente al TV podrá cambiar de canal

Imaginemos por un momento la escena: un sofá, una familia o un grupo de amigos reunidos, y un televisor. En el centro de esta imagen, durante décadas, ha existido un pequeño objeto rectangular, el árbitro silencioso de cada sesión televisiva: el mando a distancia. Este dispositivo, que ha sido tanto fuente de conveniencia como de pequeñas disputas por su posesión, ha dominado la interacción con nuestros televisores desde su invención. Sin embargo, estamos al borde de una revolución silenciosa que promete redefinir por completo esta experiencia. La predicción es audaz: para el año 2026, el tradicional mando a distancia podría convertirse en una reliquia del pasado, reemplazado por una interacción mucho más orgánica e intuitiva. La era donde "quien tiene el mando, tiene el poder" está llegando a su fin, dando paso a un futuro donde la interacción directa con el televisor será la norma, permitiendo que literalmente cualquier persona sentada frente a la pantalla pueda cambiar de canal con un simple gesto o una palabra.

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Un estudio a gran escala destapa la gran mentira de los coches híbridos: consumen el triple de gasolina de lo que publicitan

En un mundo cada vez más consciente de la urgencia climática y la necesidad de transitar hacia modelos de transporte más sostenibles, los vehículos híbridos han sido, durante años, presentados como la solución intermedia por excelencia. Se nos vendieron como el puente perfecto entre la combustión tradicional y la electrificación total, una opción "verde" que permitía reducir tanto las emisiones como el consumo de combustible sin la "ansiedad de autonomía" asociada a los vehículos eléctricos puros. Sin embargo, un reciente estudio a gran escala ha irrumpido en este panorama idílico, destapando una realidad mucho más incómoda y, para muchos, decepcionante: los coches híbridos enchufables (PHEV, por sus siglas en inglés) podrían estar consumiendo hasta el triple de gasolina de lo que oficialmente publicitan, invalidando en gran medida su pretendido beneficio ambiental y económico. Este hallazgo no solo pone en entredicho la eficacia de una tecnología en la que millones de consumidores y gobiernos han depositado su confianza y sus incentivos, sino que también nos obliga a reevaluar seriamente el camino que estamos tomando hacia la descarbonización del transporte.

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