El descenso a los infiernos de McAfee: entre antivirus, prostitución, drogas y paranoia

24/06/2021
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Controvertido e irreverente, John David McAfee, creador de una de los antivirus más importantes de la historia fallecido ayer en su celda de la barcelona prisión de Brians 2, vivió la vida al límite hasta las últimas consecuencias. Comenzó su carrera en la NASA a finales de los sesenta. Un par de décadas después, tras haber ido depurando sus habilidades en el desarrollo del software, comenzó su carrera cuando aún formaba parte de la empresa Lockheed como fabricante de antivirus. Un arte que, por entonces, estaba en sus primeras fases. La culpa de su entrada en el mundo que, poco después, le haría millonario la tuvo el código Brain, el primer virus para plataformas IBM. En 1987 se decidió a dar el paso y creó su propia compañía de antivirus: McAfee Associates, en la que desarrolló una de las soluciones de seguridad más reconocidas del mercado. Tanto que, es bastante probable que tú, actualmente, utilices un software con su nombre para proteger tus dispositivos. Los excesos y la desgracia, no obstante, acompañaron al excéntrico genio, nacido en una base estadounidense ubicada en Reino Unido en 1945, durante toda la vida. De principio a fin. La mayor parte de su infancia la pasó en Roanoke, localidad ubicada en el estado norteamericano de Virginia, donde recibió palizas constantes de su padre, con problemas de alcoholismo, hasta que este terminó quitándose la vida de un disparo cuando el futuro desarrollador apenas tenía 15 años. Su figura, fue determinante para McAfee durante el resto de sus días, como reconoció hace algunos años en una entrevista con 'Wired': «En cada relación que tengo, él está a mi lado. En cada desconfianza, él es el negociador de esa desconfianza. Así que mi vida está jodida». Alcohol y drogas Los problemas con el alcohol de su padre no impidieron que el joven John comenzase a beber a temprana edad, cuando apenas acababa de comenzar la educación secundaria en el pequeño Roanoke. También comenzó a hacer pinitos en el mundo de la ingeniería social dedicándose a ofertar puerta por puerta suscripciones gratuitas a revistas que, en el fondo, no lo eran. A pesar de sus problemas con la bebida, el joven consiguió graduarse en la universidad y comenzar un doctorado en matemáticas en Northeast Louisiana State College en 1968. Sin embargo, no tardó en ser expulsado por acostarse con una de sus becarias, con la que más tarde terminó casándose. Tras abandonar la universidad, McAfee arrancó su carrera dentro del mundo de la tecnología. Y según iba escalando, pasando de una empresa a otra, su adicción al alcohol y a las drogas fue estando más presente. Primero fue el LSD; después fue la cocaina, entre otras sustancias de lo más varopintas. Cada vez estaba menos lúcido. Cada vez más cerca del colapso. En 1983 dejó su trabajo en Omex, empresa en la que se dedicaba a sistemas de almacenamiento de información. Para entonces, su mujer ya lo había abandonado por culpa de sus adicciones. El desarrollador tuvo que vender, prácticamente, todas sus posesiones para mantener a raya 'el mono' que le provocaban la droga y el alcohol. Incluso ya, por entonces, llegó a coquetear con el suicidio. «Mi vida era un infierno total», recordaba años después. Ascenso La rehabilitación y el código malicioso Brain, desarrollado en Pakistán a mediados de los ochenta, terminaron convirtiéndose en su tabla de salvación. Fundó su empresa de software en 1987 dentro de las paredes de su casa, que funcionó como sede durante los primeros años. La solución antivirus que fabricó no tardó en ser empleada por algunas de las empresas más importantes de Estados Unidos. Esto provocó que, en muy poco tiempo, el desarrollador pudiese vivir con holgura. Con Internet, y el aumento de las amenazas y del temor de los incipientes usuarios, el negocio siguió prosperando. Tanto, que no pasó demasiado tiempo antes de que llamase la atención de las grandes tecnológicas. Su vida dio un nuevo vuelco en el 2000, cuando se casó por segunda vez y comenzó a aficionarse al yoga. Por entonces, todo seguía en calma para McAfee. Según afirmó en varias ocasiones, se mantenía sobrio y alejado de los escándalos. En 2009, con la resaca de la Crisis, terminó divorciandose de nuevo y, poco a poco, fue cansándose del imperio del software que había construido. Dos años después, Intel se hizo con el control de su empresa a cambio de 100 millones de dólares. Cifra que puede parecer elevada, pero que se queda lejos de lo que podría haber llegado a ingresar si hubiese negociado mejor o hubiese tenido algo más de paciencia. Vuelta a las andadas En sus últimos años, McAfee se caracterizó por verse siempre rodeado de polémicas y de problemas con la ley, como cuando en 2012 abandonó su residencia en Belice cuando la Policía le buscaba para interrogarle por la muerte de un vecino, un caso en el que ni tan siquiera era uno de los sospechosos. Fue en la isla donde terminó por volver a las andadas. Volvió a consumir drogas y comenzó a llevar una vida sexual de lo más ajetreada. Incluso comenzó a mantener una relación con una prostituta de 17 años llamada Amy Emshwiller. Pero sin amor, o, al menos, no por parte de la joven. «¿Un millonario en la maldita Belice, donde la gente trabaja todo el día para ganar un centavo? ¿Quién no querría robarle?», afirmó en una entrevista. Según recoge 'Daily Mail', por entonces el desarrollador contaba con un harén en su paradisiaca isla, del que formaban parte siete mujeres. Tras un paso breve por Guatemala, McAfee retornó a Estados Unidos donde conoció a la prostituta Janice Dyson, con la se casó y permaneció hasta el día de su muerte. El excéntrico millonario incluso llegó a anunciar que se iba a presentar a las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2016, sin embargo, no consiguió superar las primarias. Volvió a intentar presentarse a las elecciones de 2020. Sin embargo, terminó huyendo del país en 2019 cuando fue imputado por delitos de estafa y evasión de impuestos. Tras ser interceptado en el aeropuerto de El Prat, ubicado en Barcelona, pasó sus últimos días cumpliendo condena en nuestro país. Hasta el último momento estuvo convencido de que existía un complot contra él del Gobierno de Estados Unidos por haber denunciado la corrupción de su agencia tributaria.